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Mariano Medina Crespo
Abogado

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Profesor Asociado de Derecho Civil Universidad Rey Juan Carlos
Miembro de Seaida. Presidente del Grupo de Seguros de Automóviles

 

SUMARIO

1.-   La consistencia del perjuicio estético y su inserción en el sistema legal de valoración de la Ley 30/1995.

2.-   La autonomía del perjuicio estético como concepto resarcitorio. Su significación funcional.

3.-   La extensión cualitativa del perjuicio estético. Su doble dimensión: estática y dinámica.

4.-   El perjuicio estético y la indiscriminación sexual.

5.-   El perjuicio estético y la indiscriminación social.

6.-   Las secuelas funcionales con perjuicio estético. El problema del concurso.

7.-   La graduación del perjuicio estético. La cuestión terminológica y el inconveniente de las categorías importadas.

8.-   La medición del perjuicio estético. El criterio de la ponderación global y el de la ponderación analítica.

9.-   El límite puntual.

10.- La ponderación del concurso de secuelas. La combinación del perjuicio funcional con el estético. La regla de la suma aritmética y su cabal sentido.

11.- La regla explicativa singular del capítulo. Los factores codeterminantes de la cuantificación del perjuicio estético. La edad y el sexo como parámetros específicos de medición.

12.- La consideración de la regla explicativa como disciplinadora de una corrección aumentativa; o como remisión al arbitrio judicial, en los casos especiales.

13.- El papel excluidor o aditivo del costo de la cirugía correctora.

14.- El efecto dislocador de la valoración del perjuicio estético. El riesgo de las confusiones contrarias al principio de vertebración.

15.- La pericia médica del perjuicio estético.

16.- El lucro cesante causado por el perjuicio estético. El valor de las oportunidades perdidas.

17.- El perjuicio estético como posible componente de los daños morales complementarios.

18.-            Resumen de conclusiones.

Bibliografía.

 

Muchas son las penurias a que el hombre se ve sometido en este mundo...; pero de todas ellas la más grave es la que le sobreviene... de su misma especie... El daño que el hombre recibe de los hombres es más grave que el que recibe de las fieras rabiosas y de las víboras dañinas.

PDX zapatos tal de de mujer seda Abenhazam de Córdoba

Aunque el papel queméis,
no quemaréis lo que el papel encierra;
que dentro de mi espíritu,
a pesar de vosotros, se conserva
y conmigo camina
a donde quiera que mis pies me llevan.
Allí donde repose,
allí también reposará mi ciencia,
y conmigo en mi tumba
será enterrada el día que yo muera.
¿Qué me importa a mí el hecho
de que queméis papeles y vitelas?
¡Discutid con razones,
si os es posible, y que las gentes vean
cuál de los que discute
merece la victoria por su ciencia!

Si os sentís incapaces

de renovar conmigo la polémica,
entonces, como párvulos,
comenzad por volver a las escuelas.

Abenhazam de Córdoba
versión de Juan Valera


1.- La consistencia del perjuicio estético y su inserción en el sistema legal de valoración de la Ley 30/1995

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, “estética” es “la ciencia que trata de la belleza y de la teoría fundamental y filosófica del arte”. Se trata de un concepto que, según COROMINAS, recoge ya el Diccionario de 1884, sin que apareciera en el de 1843 (Diccionario crítico etimológico..., Vol. II, p. 429). HINOJAL FONSECA nos ha ilustrado diciendo que este término fue empleado por primera vez por A. G. BAUGMARTEN, en su Aesthetica acromática (1750-1758), para referirse al discurso filosófico aplicado al arte y a sus relaciones con el bien y la verdad (La valoración... estético..., p. 1); y, a su vez, resalta, con una traducción más que dudosa, que, en Las Leyes, PLATÓN decía que “el pago de una indemnización de un perjuicio estético [?] supone transformar en amistad el odio que había instaurado” (p. 1). La importancia que tiene este tipo de perjuicio se pone de manifiesto con las sobrecogedoras palabras que, según el Levítico, dirigió Yahvé a Moisés:

Ninguno... que tenga... defecto corporal se acercará a presentar el pan de Dios... Ni ciego, ni cojo, ni mutilado, ni monstruoso, ni quebrado de pie o mano, ni jorobado, ni enano, ni bisojo, ni sarnoso, ni tiñoso, ni eunuco... Ninguno... puede acercarse para ofrecer los sacrificios que se queman en honor de Yahvé. Es defectuoso. Por eso no puede acercarse para ofrecer el pan... Aunque puede comerlo... no se llegará al altar, porque tiene defecto y no debe contaminar mi santuario (Levítico, cap. 21, versículos 16-23; cit. HERNÁNDEZ CUETO, Valoración médica..., p. 6; con consideración de la versión de Hans Straubinger).

Se trata, según dice HERNÁNDEZ CUETO, de la primera referencia histórica de que disponemos, en relación con el efecto perjudicial del defecto estético. Porque, claro está, perjuicio estético es una expresión simplificada con la que se alude al perjuicio que deriva de la alteración –peyorativa- que se produce en la estética de la persona, es decir, en su aspecto exterior.

ZAVALA DE GONZÁLEZ nos dice que, según una expresiva sentencia argentina, la deformidad convierte a quien la padece en un ser al que la sociedad vuelve la cara, como si fuera un paria y un fugitivo de la sombra de la imagen que ofrecía antaño (Integridad sicofísica, p. 167).

Si ya en el viejo texto bíblico encontramos discriminado al deforme para ofrecer el pan de Dios, la referencia a la dimensión moral del perjuicio estético debe completarse con la referencia a su dimensión patrimonial, pues el deforme puede verse privado del otro pan, el de los hombres; y, en este sentido, resalta el argentino LEMEGA que la buena presencia es, hoy, una excelente carta de presentación, como elemento que proporciona las mejores oportunidades de trabajo (El daño estético..., p. 1033); siendo extraíbles las naturales consecuencias a sensu contrario. La sentencia de nuestro Tribunal Supremo, Sala 2ª, de 15 de abril de 1987 (Pte. Excmo. Sr. Díaz Palos), hace expresa referencia a las “frustraciones, renunciaciones y fracasos en la vida de relación” que derivan de la alteración estética.

Frente a la afirmación gayana de que cicatricum autem deformitatis nulla fit aestimatio (Ad Edictum provinciale, 6; Digesto, 9, 3, 7), es hoy pacífico el criterio de que el perjuicio estético integra una de las partidas resarcitorias ligadas al daño corporal, pues, aceptada la exactitud de ese aserto clásico, se rechazan sus consecuencias, en el sentido de que, reconocida la imposibilidad de una reparación por equivalencia, se afirma la necesidad estricta de una compensación económica de signo satisfactorio. Sólo de esta forma puede neutralizarse jurídicamente el daño que comporta, evitando que el perjudicado quede in albis.

Así lo ha reconocido desde hace años la jurisprudencia; y a tal criterio se atuvo el sistema orientativo de 1991, siendo asumido por el vinculante de 1995. Situados en él, la valoración del daño estético (pretium pulchritudinis) se efectúa a través de un capítulo especial que sigue a los ocho capítulos ordinarios de la tabla VI.

Se homologa así legalmente un concepto resarcitorio que ha atendido nuestra práctica judicial, en consonancia con la Recomendación 75/7 del Consejo de Europa, la cual lo contempla de forma expresa (principio 11), sin tomar partido sobre los diferentes criterios existentes sobre su consistencia, determinación y mensura (comentario 41).

Al igual que sucedía en el sistema orientativo, el alcance de este perjuicio se mide a través de una escala de seis grados, según el alcance de una severidad que es calificada, con expresión equivoca, de ligera, moderada, media, importante, muy importante y considerable, formándose una progresión en la que los cinco primeros grados cuentan con un arco de intensidad (mínimo y máximo), mientras que se dota al sexto de una puntuación mínima sin fijarse el tope máximo.

Cesare GERIN definía el daño estético como “toda modificación peyorativo del conjunto estético individual, de naturaleza morbosa” (Il danno estetico..., p. 90). A la luz de nuestra jurisprudencia, daño estético, como concepto asimilado al de deformidad, recogido tradicionalmente en la legislación represiva, es cualquier tipo de defecto físico que altere peyorativamente la apariencia externa, de manera visible y permanente (STS, Sala 2ª, de 11-12-84); y puede consistir en cicatrices, pérdida de sustancia, cabello o piezas dentarias, costurones, alteraciones de pigmentación, malformaciones, claudicación o detrimento de la euritmia (armonía en los movimientos), según expresó la sentencia de 11-04-91. A su vez, la jurisprudencia, sin eufemismo encubridor de la realidad, pero con poco gusto, hace referencia a que "toda persona tiene derecho a mantener su belleza o a que no se acentúe su fealdad" (STS, Sala 2ª, de 15-11-90, Pte. Excmo. Sr. Barbero Santos). Por eso se ha dicho que el perjuicio estético no está asociado necesariamente a la venustez.

Cuando en los informes de los médicos forenses se nos dice que un lesionado ha curado sin defecto ni deformidad, se está afirmando que ha curado sin que le haya restado secuela alguna, ni de tipo orgánico-funcional (“defecto”), ni referente a su imagen exterior (“deformidad”).

El perjuicio estético arguye un quebranto de la propia imagen física. Cuando se debe a la actuación injusta de otro, es el resultado de la violación del derecho que toda persona tiene a su propia imagen fisionómica. Como dice ZAVALA de GONZÁLEZ, su disvalor no se halla sin más en lo feo, deformante, ridículo o repulsivo de una lesión, sino en lo distinto, en la mutación del aspecto físico antecedente (Integridad sicofísica, p. 170); y la titularidad de la acción resarcitoria que origina no se limita a los privilegiados, es decir, a los apolíneos dotados por la naturaleza de una especial armonía física, cuando resulta quebrantada, sino que la ostenta, sin exclusión alguna, cualquier ser humano que, como tal, tiene derecho a conservar su propia figura o apariencia externa (p. 179).

Su consistencia radica, no en una belleza tornada en fealdad, sino en una alteración significativa del aspecto que ofrecía el lesionado antes de sufrir el hecho dañoso; y ha de tomarse con mucha prevención alguna opinión como la de BATLLE VÁZQUEZ, cuando dice que no constituye daño estético cualquier alteración morfológica, "porque una pequeña cicatriz puede hermosear" y es inconcebible, por otra parte, que fuera resarcible una marca hendida en la cara de Cuasimodo (La evaluación..., p. 509). También LEMEGA hace referencia a que una cicatriz puede convertirse en factor de sugestión que realce el rostro y aumente su atracción (El daño estético... p. 1031); criterio de relatividad del que disiente con razón ZAVALA (Integridad sicofísica, p. 193).

En este sentido, puede traerse a colación la sentencia del Juzgado de Primera Instancia 1 de Almuñecar, de 22 de septiembre de 1998 (Ilmo. Sr. Piñar Díaz) que, resolutoria de un juicio verbal civil (16/98), abordó el resarcimiento por un abultamiento en la parte superior del muslo derecho de una joven. La lesionada reclamó una suma próxima a los 4.000.000,- Ptas. y el juzgador fijó la indemnización en 423.760,- con base en el siguiente fundamento que supongo no provocaría mucho beneplácito en la interesada:un de de Hebilla DIDIDD Sandalias Bot Plataforma de Sandalias con 8qfwqB7

La cicatriz... es apreciable, pero no en la intensidad y con la importancia que le atribuye la demanda. Es detectable ligeramente en las cuatro fotos..., pero... es preciso un examen detalloso y atento del muslo, circunstancia que no es posible efectuar con cierta asiduidad, dada la zona anatómica que las personas de sexo femenino suelen mantener... resguardada. Únicamente, en caso de encontrarse en traje de baño sería apreciable, siempre que el observador repare en detalles, o cuando mostrase su cuerpo en la intimidad; y, dadas las características de esos momentos, tampoco se suele reparar, excesivamente, en detalles tan minúsculos. Es más, siendo la belleza y el atractivo de la persona cuestión tan subjetiva, la ligera curvatura y redondez que adquiere el muslo derecho en su parte superior pudiera, para algunas personas, llegar a constituir elemento de atracción. Por ello, tampoco cabe una afirmación categórica que lleve a calificarla de malformación, pues también, para determinados cánones de belleza, la curvatura femenina es elogiosa. Es por ello que el perjuicio estético, aun estimando que puede ser objetivo y que la actora tiene derecho a que su cuerpo se muestre como era antes del evento, debe ser calificado como leve, asignándole 4 puntos, con el factor de corrección del 10%, calculando el punto, según Baremo, en 96.309,- Ptas.

Constituye deformidad todo estigma, menoscabo o irregularidad física que altere, modifique o cambie una zona corporal, en un sentido peyorativo, de forma visible y permanente (SSTS, Sala 2ª, 11-12-84 y 01-10-90). El concepto se define con un criterio estético-social, que contempla "la redundancia" que produce en el psiquismo de quien la sufre (STS, Sala 2ª, 15-04-87, Pte. Excmo. Sr. Díaz Palos), como consecuencia de cualquier estigma que afecte a la periferia corporal (STS, Sala 2ª, 23-04-86, Pte. Excmo. Sr. Vivas Marzal).

La sentencia del Tribunal Supremo, Sala 2ª, de 30 de mayo de 1988 (Pte. Excmo. Sr. Barbero Santos), construida con un estilo literario que, con razón, FERNÁNDEZ ENTRALGO califica de sorprendente (Los pucheros..., p. 315), aborda la ponderación de este perjuicio, respecto de su consistencia penal como deformidad, en el caso de un varón maduro al que restó una cicatriz de 4 cm., situada en el arco superciliar izquierdo, sin que, de modo sensible, le afeara.

El Alto Tribunal comienza por declarar que el valor de lo estético lo expresa de manera drástica la conocida pregunta de Pascal: ¿qué curso hubiera seguido la historia del mundo si la nariz de Cleopatra hubiera sido más corta?; y, a continuación, señala: hoy se sabe que la morfología humana tiene consecuencias graves en el aspecto económico, social, individual, psicológico e, incluso, psiquiátrico de la persona, tanto mujer como varón, con independencia de su edad y profesión. Limitada durante mucho tiempo la noción de deformidad al rostro -sigue diciendo-, hoy se ha extendido a la generalidad del cuerpo, quizá porque éste se expone con más frecuencia que antes en su práctica integridad a la contemplación ajena. Rechazada en nuestros días la bondad del adagio respecto que el hombre y el oso, más bello cuanto menos agraciado -continúa con casticismo sus precisiones sociohistóricas, aunque sin fidelidad literal-, mujer de seda PDX de tal zapatos es evidente que la tutela alcanza también a la eventual deformidad ocasionada al varón, sin que quepa distinguir, como ironizaba alguno de nuestros más agudos tratadistas [se refiere a QUINTANO RIPOLLÉS, en su Tratado de la Parte Especial del Derecho Penal], entre la cicatriz en la comisura de los labios de un bigotudo carabinero y en la de una grácil estrella de la pantalla; y tampoco es decisiva la edad. Finalmente señala que, para evitar excesos, la doctrina recomienda establecer el límite de que la deformidad sea sentida por el sujeto que la sufre.

Conforme con su fondo, MARTÍNEZ-PEREDA ha criticado esas expresiones y lamenta que el argumento se salpique con refranes y frases famosas que, resaltando el aspecto anecdótico de la cuestión tratada, sacrifica una seriedad forense que no tiene que ser hierática ni sacramental e incurre en el defecto técnico de desatender la relevancia del principio constitucional de la igualdad y en el de no acentuar el cambio de costumbres que, como realidad social del tiempo presente, se erige en un elemento interpretativo de las normas legales (art. 3.1. C.c.), con el que el razonamiento desplegado habría cobrado un vigor superior (La cirugía plástica..., p. 305).

En 1996, decía DE CUPIS que no puede descartarse el perjuicio estético del hombre, aunque su apreciación más acentuada tiene lugar en la mujer (El daño..., n. 40 pie p. 125). GONZÁLEZ-HABA señala que hoy se ha superado el criterio de que la belleza es atributo femenino en exclusiva; y trae a colación la sentencia del Tribunal Supremo, Sala 2ª, de 15-02-56, que, en un varón, estimó constitutiva de deformidad la visible cicatriz parpebral que le restó, censurando el criterio de una Audiencia que había despreciado el defecto con el argumento de ser una "fealdad" carente en el hombre de importancia (El daño personal..., p. 122).

Caracterizado por su visibilidad, el perjuicio estético –su existencia- se aprecia fácilmente, pero, en cambio, su valoración se realiza con dificultad, pues son muchos los problemas que giran en torno a él. Como se verá seguidamente, la disciplina tabular genera muchas dudas; y éstas se traducen en posturas muy dispares, a partir de una consistencia a la que se ha atendido con defectos de diseño y estructuración desacertada, que la práctica judicial debe corregir. Basta con fijarnos en los ejemplos que MACIÁ GÓMEZ añade a sus escuetas notas sobre el sistema, para comprobar de inmediato las divergencias existentes. Este autor pondera como perjuicio estético considerable la deformación importante de un pabellón auditivo en una mujer joven (zapatos seda PDX de mujer de tal Delitos y faltas..., p. 144) y, en cambio, deja de ponderar la pérdida parcial de la nariz en un joven varón (p. 145); y tampoco pondera en un gran inválido varón ni la destrucción del pene ni su postración en una silla de ruedas (pp. 146-147).

Daño estético es, en definitiva, en su sentido más primario, el resultado de la violación del derecho subjetivo de la persona a mantener intangible su imagen somática, tal como se definió en las Jornadas de Responsabilidad civil por Daños (1990), celebradas en Buenos Aires en homenaje al profesor Bustamante Alsina; cuyas conclusiones recoge IRIBARNE en su monografía sobre el daño corporal (De los daños..., pp. 866-868).

Se define así el perjuicio estético en un sentido estricto, encajando en la dimensión biológica del daño corporal; y, sobre esta base, deben aquilatarse sus consecuencias, constituidas, de un lado, por el daño moral que produce con carácter necesario, manifestado subjetivamente en el sufrimiento (dolor, malestar, turbación, pesar, angustia o aflicción) que causa y, de otro, por el daño patrimonial, consistente en la frustración de los ingresos económicos que el lesionado obtendría, de no haberlo sufrido, y que deja de obtener debido a su nuevo estado fisonómico.

De esta triple dimensión (consistencia y duales consecuencias) me ocupo en los apartados siguientes, analizando el sentido de las reglas contenidas en el capítulo especial de la tabla VI, poniéndolas en relación con el régimen de puntuación disciplinado en las normas explicativas del apartado segundo de la ordenación legal.

A tal efecto, se dará respuesta a la pregunta fundamental del porqué de la existencia de este capítulo especial, que se llama así con el evidente propósito de diferenciarlo de los capítulos ordinarios precedentes, aunque se hace con notoria impropiedad y sin unas explicaciones que hubieran sido altamente convenientes. Perfectamente resaltada, la autonomía conceptual y resarcitoria del perjuicio estético, en su dimensión extrapatrimonial, se erige en pauta interpretativa con la que captar el cabal funcionamiento de este capítulo, que es uno de los dos pilares de la indemnización básica por lesiones permanentes. Interesa por ello hacer tres puntualizaciones sobre el tratamiento tabular del perjuicio estético.

La primera es que las exigencias de la objetivación valorativa no sólo son compatibles con la individualización (personalización) del daño causado, sino que constituyen su inesquivable presupuesto e imponen la utilización de criterios tabulados de medición; y, en este sentido, muestro mi completa conformidad con el principio de tipificación al que se atiene el sistema legal, por lo que disiento de la conclusión aprobada en aquellas Jornadas Argentinas, en las que se desaconsejaba la utilización de tablas valorativas, debido a la arbitrariedad que comportan, pues su ausencia propicia, precisamente, el defecto denunciado.

La abdicación legal constituye el mal endémico que sufre la cuestión valorativa, siendo absolutamente precisa la instauración de un arbitrio reglado que atempere los lamentables riesgos de la plena discrecionalidad judicial. Por eso, parafraseando la cita que IRIBARNE hace de un especialista en Medicina Legal (p. 575), debe afirmarse que, siendo cierto que la cuantimetría no se compadece con el saber médico y jurídico, también lo es que constituye el mejor método para obtener la traducción mensurable de los fenómenos biológicos, encajando en ellos el defecto estético. De ahí los esfuerzos doctrinales por sentar criterios objetivos con que ponderar este perjuicio, combinándolos con la necesidad de su apreciación subjetiva.

La segunda puntualización es que el diseño del capítulo especial supone la integración resarcitoria del daño estético en las indemnizaciones básicas correspondientes a las lesiones permanentes, con ponderación del mismo en su expresión biológica, pero separada de la estricta expresión funcional del daño sicofísico y, a su vez, con ponderación indiscriminada del perjuicio moral que causa. Por eso se articula mediante un capítulo especial, que se separa de los capítulos ordinarios correspondientes al estricto perjuicio fisiológico.

Partiendo de que el supremo menoscabo permanente de la salud se expresa con la cifra 100, que corresponde (en pura teoría) al fenómeno mortal, es evidente que cualquier porcentaje de perjuicio fisiológico –el estricto daño emergente- no debe alterarse con la incidencia del perjuicio estético, pues uno y otro son perjuicios heterogéneos que no admiten la indiscriminada consideración conjunta, sin que la intensidad de uno condicione necesariamente la del otro. Una cosa es el patrimonio biológico de la persona y otra su estricto patrimonio estético; y por eso son distintos los daños que menoscaban uno y otro.

Las dudas que suscita el perjuicio estético, respecto a la ponderación de las circunstancias especiales que lo rodeen, han de llevar a la valoración de un daño moral extraordinario, como exigencia que impone la personalización del perjuicio; y, en la medida en que esas circunstancias no se traduzcan en un efecto impeditivo de las actividades de la persona, han de computarse dentro del capítulo especial, en el entendimiento de que, si hay algún impedimento de tal cariz, su ponderación debe efectuarse a través del factor de corrección de la incapacidad permanente, sin que estas consideraciones impliquen ponderar el perjuicio patrimonial causado por este tipo de menoscabo, pues la valoración de tal perjuicio ha de efectuarse de forma por completo separada, al margen de la tasación abstracta en que consiste el factor de corrección por los perjuicios económicos (o cuando éste proporciona una reparación insuficiente).

Haciéndose eco de su defectuoso diseño, CRIADO RÍO dice que el capítulo referente al perjuicio estético aparece configurado "como otro capítulo más" de los que integran la tabla VI, con lo que apunta que el sistema lo confunde con el estricto perjuicio fisiológico, desconociendo que se trata de detrimentos netamente independientes (Valoración..., 1999, p. 572).

Tiene, desde luego, razón la expresada autora al hacer referencia a la autonomía conceptual y resarcitoria de estos dos conceptos dañosos; y la tiene también cuando critica la construcción legal, que se presta a confundirlos, aunque sólo parcialmente. Pero es evidente que el capítulo del perjuicio estético no aparece diseñado como un capítulo más, junto a los otros capítulos de las lesiones permanentes. La denominación de los primeros capítulos (como “ordinarios”), de un lado, y la del último (como “especial”), de otro, pone de manifiesto que el Legislador es consciente de sus diferencias; y esta diferenciación de base se erige en un criterio imprescindible para interpretar adecuadamente el funcionamiento separado del capítulo especial en relación con los ordinarios, captando el cabal sentido de la regla relativa a la acumulación simple de las respectivas puntuaciones, reaccionándose así frente al literalismo acrítico del que hace gala la práctica judicial más generalizada.

La tercera puntualización es que, por razones de acomodo con sus propios fundamentos, y conforme a lo que acaba de apuntarse, debería procederse a una revisión del capítulo especial, tanto en lo que refiere a la puntuación atribuida a los diversos grados del perjuicio (recolocando el considerable como perjuicio que no llega a ser importante), como en lo atinente a la definición de su funcionamiento, separándolo del estricto menoscabo sicofísico.

Creo que esta separación puede afirmarse mediante una aquilatada interpretación de la disciplina legal, atendiendo a los presupuestos materiales de las tablas afectadas (VI y III), así como mediante una adecuada comprensión de las reglas explicativas del sistema de puntuación, trascendiendo de su estricta expresión literal que conduce a unos absurdos resultados. Pero sería conveniente que el texto legal la estableciera con plena nitidez, evitando la dislocación del resultado y cortando unas interpretaciones desviadas que surgen con facilidad, al ser ajenos los operadores jurídicos a las aportaciones de la cultura europea del daño corporal por su falta de cultivo en nuestros lares.

A su vez, la consecuencia de esa discriminación implicaría la necesidad de concretar el máximo de la puntuación adjudicable al perjuicio de grado superior; y la de revisar los arcos de graduación. Pienso, efectivamente, que, mantenidos los seis grados, debería revisarse el arco de las puntuaciones, que quedarían en 1-8, para el ligero; en 9-16, para el moderado; en 17-24 para el medio; en 25-32, para el importante (rectius: considerable); en 33-40 para el muy importante (rectius: importante); y en 41-50 para el considerable (rectius: muy importante). Creo, a su vez, que la regla explicativa del recuadro debería aquilatarse para evitar los equívocos que propicia y, en todo caso, sus incongruencias.

Por otra parte, debe advertirse que el concepto jurídico-penal del perjuicio estético (asociado tradicionalmente al de deformidad) y el concepto jurídico-civil son netamente diferentes, pues, mientras el primero se configura de forma abstracta y objetiva, el segundo se configura, personalizadamente, de forma concreta y subjetiva, atendiendo, entre otros elementos, a la propia vivencia del lesionado, tal como ha destacado SÁ (Clínica..., pp. 98, 220). El concepto jurídico-penal de la deformidad, a la que se reconduce la alteración estética, ha servido, tradicionalmente, sólo para la inserción de las lesiones en el correspondiente tipo penal, mientras que el concepto de perjuicio estético, como concepto civil, sirve para medir sus consecuencias deficitarias y, por tanto, para determinar el resarcimiento pertinente.

2.- La autonomía del perjuicio estético como concepto resarcitorio. Su significación funcional

Según hemos anticipado, el sistema legal ofrece el acierto de atenerse a la configuración autónoma del perjuicio estético como concepto dañoso y, por lo tanto, como subpartida resarcitoria; aunque, insisto, son evidentes los errores de su diseño normativo. El sistema toma, pues, partido, asumiendo el criterio de la mejor doctrina europea; y aísla así la nocividad moral en que consiste el perjuicio estético, como perjuicio independiente, afirmado de conformidad con el principio de vertebración.

Como ha dicho IRIBARNE, la autonomía del perjuicio estético no puede traducirse en su afirmación como una nueva especie de daño, porque, en definitiva, su incidencia se agota en su acogida como daño moral estricto y, en su caso, como daño patrimonial, aparte los gastos ligados a la cirugía correctora (De los daños..., pp. 568-569). Sustancialmente es de la misma opinión ZAVALA de GONZÁLEZ, para quien el plus de disvalor que comporta la dimensión estética de la lesión, como refuerzo o complemento de la indemnización ligada a ésta, no justifica su afirmación como tertium genus (Integridad sicofísicia, pp. 199-211).

Pero su autonomía se justifica, desde una perspectiva funcional, al configurarse, al igual que otros rubros resarcitorios, como un instrumento conceptual que permite la identificación de perjuicios susceptibles de ponderación específica, al servicio de una individualización indemnizatoria que es indispensable. Por eso rescata IRIBARNE la observación efectuada por VINEY en el sentido de que el reconocimiento de la autonomía del daño estético sirvió para que la jurisprudencia francesa superara la parsimonia con que encaraba su resarcimiento (De la conceptuación..., p. 382). Se configura así el estético como un perjuicio distinto del estrictamente fisiológico (o biológico), con el que se hace referencia al menoscabo de la integridad sicofísica de la persona; y su autonomía se pone de manifiesto, como he resaltado ya, al integrar un capítulo especial que, dentro de la tabla VI, impide su confusión con las secuelas sicofísicas tipificadas en los capítulos ordinarios.

Pero interesa profundizar más en los distingos conceptuales, en la medida en que la clarificación que aportan, lejos de quedarse en logomaquia o en pura especulación doctrinal, tiene una evidente repercusión práctica, sirviendo para individualizar adecuadamente el resarcimiento, personalizándolo por tanto.

No hay duda, en principio, de que el daño estético se integra en el concepto de daño biológico, porque es un menoscabo de la integridad física de la persona. Por eso se incluye en la tabla VI. Pero es un daño biológico singular, porque carece como tal de significación orgánica o funcional, id est, porque se afirma con independencia de ésta. El daño estético se integra en el biológico, tomando éste en un sentido amplio comprensivo de cualquier detrimento o alteración sicofísica. Pero es particularmente útil manejar el concepto de daño biológico en un sentido estricto, como daño anatómico-funcional, que deje al margen la dimensión estética de la lesión permanente.

El perjuicio estético se resarce, no por el sustrato de su consistencia (daño biológico), sino por su consecuencia, hasta tal punto que, cuando la autonomía conceptual del daño biológico (daño sicofísico) y del daño moral (consecuencias extrapatrimoniales del daño biológico) se traduce en su autonomía resarcitoria, el perjuicio estético no resulta afectado por tal separación, pues en cualquier caso se repara como una especie de daño moral. Cuando se resarce el daño biológico, hay el resarcimiento en que consiste la tutela civil de la integridad sicofísica de la persona. En cambio, cuando se resarce el perjuicio estético, hay el resarcimiento en que consiste la tutela civil de la imagen física alterada. Son, pues, dos conceptos resarcitorios diferentes; y su autonomía conceptual y resarcitoria es la respuesta que debe darse a su real diferenciación, evitando al respecto cualquier confusión.

Precisamente por ello -por la propia especialidad del daño moral en que consiste-, cuando el perjuicio estético es la expresión de un daño biológico de significación funcional (estricto daño biológico), la ponderación valorativa y resarcitoria de éste (incluyendo, en su caso, el daño moral inherente a él) es perfectamente compatible con la ponderación valorativa y resarcitoria de aquél (daño moral ligado al daño biológico, en su dimensión estética), sin que haya duplicidad compensadora, sino un resarcimiento adecuadamente vertebrado y, por tanto, con valor demostrativo. A su vez, el perjuicio estético puede ser la expresión de un daño biológico sin significación funcional (cicatriz no dolorosa). En este caso, el daño biológico es en sí de tan escasa envergadura que su ponderación valorativa tiene que despreciarse por completo, siendo valorable sólo en su dimensión estética.

La ponderación del perjuicio funcional (sicofísico) tiene un carácter objetivo y absoluto, mientras que la del perjuicio estético, sin negar la objetividad de su base, tiene un carácter subjetivo y relativo. Por eso, la valoración médica de una concreta lesión permanente es igual, cualquiera que sea el lesionado que la sufra y su valoración económica es también igual en todos los que la tengan y tengan la misma edad, siendo ésta la única que marca las diferencias, en atención a la previsión estadística de su duración. En cambio, la ponderación del perjuicio estético conlleva por esencia una cierta carga de subjetividad y relativismo, pues, afirmada su existencia, su valoración está condicionada por una serie de variables marcadas por la necesidad de contemplar a la persona que lo sufre en relación con el entorno en que se inserta, siendo particularmente relevante el dato de su profesión y el desenvolvimiento de su vida de relación. Por eso, la sentencia del Tribunal Supremo, Sala 2ª, de 23 de abril de 1986 (Pte. Excmo. Sr. Vivas Marzal), se refiere de forma expresa a la “relatividad” del perjuicio estético, haciendo alusión a que resulta condicionado por las diversas circunstancias personales del afectado.

Por otra parte, debe salirse al paso de la ambigüedad en que se puede incurrir al afirmarse o negarse la autonomía del perjuicio estético. Cuando se dice que el daño estético carece de autonomía, quiere decirse que no se alza como un tertium genus, junto al daño moral y al daño patrimonial. Se resalta así que, al aludirse a su dimensión extrapatrimonial, se está en el primer concepto, mientras que, al aludirse a su repercusión económica, se está en el segundo, debiendo retenerse que aquella dimensión es esencial y necesaria (apreciar la existencia de un perjuicio estético supone siempre apreciar la existencia de un daño moral), mientras que la de índole patrimonial es sólo contingente, porque puede darse o no (el perjuicio estético puede estar ayuno de consecuencias pecuniarias). Por eso es erróneo diferenciar el perjuicio estético del daño moral, pues es moral su componente, constituyendo la clave de su indefectible resarcimiento. Otra cosa es que la adecuada individualización del daño corporal y sus diversos componentes haga preciso separar el específico daño moral en que consiste el perjuicio estético del daño moral ligado a las estrictas lesiones permanentes.

Cuando se dice que el daño estético carece de autonomía, quiere decirse que es un daño moral, como consecuencia necesaria ligada a la lesión de carácter antiestético, pudiéndose traducir también en un daño de índole patrimonial, si repercute en un estricto lucro cesante o, más genéricamente, en una pérdida de la capacidad de ganancia.

A su vez, cuando se asevera que el daño estético es un daño autónomo, inconfundible con el moral, se acude a una expresión inexacta que, no obstante, se pone al servicio de la individualización resarcitoria, pues quiere decirse que hay que ponderar, de un lado, el daño moral ligado a las lesiones funcionales (estricto daño fisiológico), y, de otro, de forma separada y específica, como verdadero complemento, el seda PDX de zapatos mujer tal de plus de daño moral ligado a la dimensión antiestética de tales lesiones. Se trata de una expresión literaria que, aunque defectuosa, es demostrativa de que se acude a la buena técnica resarcitoria de descomponer el daño moral en atención a sus diversos componentes y a sus diversas dimensiones. Sólo así se cumple el mandato institucional de la reparación íntegra que, cuando se proyecta sobre las estrictas consecuencias personales (morales) del daño corporal, se expresa en su dimensión cualitativa, que obliga a resarcir cualquier daño moral, distinguiendo sus factores diferenciados.

Sólo con su separación vertebradora y analítica hay individualización dañosa, como presupuesto de la individualización (personalización) resarcitoria. A tal separación se atiene con acierto la tabla VI, aunque queda defectuosamente diseñado su funcionamiento en las correspondientes reglas explicativas; y es en este orden de ideas donde encaja la afirmación de la autonomía conceptual del perjuicio estético. Con todo, la insuficiencia y la deficiencia de esas reglas explicativas obliga al intérprete a efectuar una serie de determinaciones con las que superar los errores de apreciación, en incluso de diseño, atendiendo a la razón de ser de las diversas normas tabulares, en su conexión con la razón de ser del sistema como conjunto normativo.

Situados en el ámbito de las secuelas, se ha de insistir en la autonomía (ponderación separada) del estricto perjuicio sicofísico y del perjuicio estético; y el efecto de su discriminación es que, cuando el perjuicio sicofísico conlleva un perjuicio estético, éste no queda absorbido por aquél, sino que ha de mensurarse aisladamente, con afirmación de su perfecta compatibilidad valorativa. Ante una secuela que, encajable en alguno de los capítulos ordinarios, tenga un repercusión estética, debe efectuarse una doble ponderación perfectamente diferenciada, correspondiente la primera al alcance del perjuicio fisiológico y correspondiente la segunda al del perjuicio de significación estética. Ni el déficit funcional absorbe el déficit estético, ni éste absorbe tampoco a aquél; y por eso tiene razón CRIADO RÍO cuando asevera que no es de recibo que la ponderación del perjuicio estético incluya la valoración del funcional, la cual tiene que realizarse de forma separada (Valoración..., 1999, p. 572).

A su vez, como veremos, la autonomía de los dos conceptos debe llevar a una adecuada lectura de la regla relativa a la adición aritmética de las respectivas puntuaciones, en el entendimiento de que la consideración de su razón de ser conduce a que el valor de cada especie de perjuicio se calcule con independencia, con utilización separada de la tabla III, y que sean sus respectivos resultados económicos los que hayan de sumarse para integrar la indemnización básica por las lesiones permanentes.

Cuando se dice, como hace HINOJAL FONSECA, que la valoración del perjuicio estético excluye la ponderación de las repercusiones fisiológicas, sociales, morales y laborales (La valoración del perjuicio estético..., p. 2), faltan, en mi concepto, las adecuadas matizaciones. La diferenciación del perjuicio fisiológico y del perjuicio estético es clara y a ella me he referido con anterioridad, operando como perjuicios independientes, aunque puedan estar interconectados. Decir que la valoración del perjuicio estético excluye la ponderación de su repercusión moral es inexacto, porque su resarcimiento supone, precisamente, la compensación del perjuicio moral en que consiste, como elemento diferenciado del perjuicio moral inherente al perjuicio fisiológico y del derivado de sus eventuales efectos impeditivos. Afirmar, a su vez, que la valoración del perjuicio estético excluye las repercusiones sociales y laborales sólo es de recibo si se trata de resaltar que escapan a ellas sus estrictas consecuencias patrimoniales, siendo evidente que la intensidad del daño moral en que consiste el perjuicio estético está condicionada por tales repercusiones.

Por eso es inexacto afirmar, como hace XIOL RÍOS, que, al fijar los puntos del capítulo especial, el perjuicio estético se computa, no sólo desde el punto de vista fisiológico, sino que incluye, además, los aspectos relevantes del daño moral que comporta y también el daño emergente (coste de las intervenciones de cirugía plástica) y el lucro cesante (incidencia de la imagen en la profesión habitual), diciendo, en consecuencia, que esa concreta regulación tabular abarca aspectos que, en principio, deberían figurar sólo dentro de los factores de corrección de la tabla IV (La estructura del daño corporal..., p. 6).

Son aseveraciones que hay que depurar, de acuerdo con el principio de vertebración, al que se atiene la estructura del sistema. Por lo pronto, hay que insistir en que el perjuicio fisiológico constituye sólo el sustrato material del perjuicio estético, pero que éste existe como concepto autónomo, dañoso y resarcitorio, porque se aísla de aquél, como pura consecuencia. El perjuicio fisiológico se pondera de acuerdo con los capítulos ordinarios de la tabla VI y, si tiene una repercusión antiestética, es ésta la que debe ponderarse aisladamente, sin tenerse en cuenta aquél. Sentado lo anterior, la ponderación del perjuicio estético es, exclusivamente, la ponderación del específico daño moral que comporta, agotándose así su contenido, sin que su valoración incluya el más mínimo adarme de perjuicio de índole patrimonial, ni en concepto de daño emergente ni en concepto de lucro cesante, los cuales se resarcen, en su caso, al margen por completo de la tabla VI, sin integrarse, por tanto, en absoluto en la indemnización básica.

Adoptada esta perspectiva, la imagen del afectado en su profesión y el coste de la intervención de cirugía plástica correctora, constituyen elementos con los que ponderar el alcance del perjuicio moral en que consiste el perjuicio estético, sin perjuicio de que las consecuencias patrimoniales del mismo se reparen al margen de la suma capitular.

Del doble componente del perjuicio estético se hace eco POGLIANI, quien estima que el problema de su individualización resarcitoria se resuelve mediante un criterio de preferencia, de modo que su valoración como perjuicio moral o como perjuicio patrimonial se ha de efectuar atendiendo al que sea más relevante, con lo que se evita la duplicidad resarcitoria. No obstante, señala que, cuando uno y otro son particularmente relevantes, debe efectuarse con autonomía su liquidación (Responsabilità..., p. 423).

En mi concepto, la tesis apuntada no es de recibo, habiéndose de diferenciar siempre la doble dimensión y no sólo en casos especiales, en el entendimiento de que el componente moral es indefectible, mientras que el patrimonial es eventual, pudiéndose dar el supuesto de un perjuicio estético que, como tal, sea leve en su expresión física y moral, pero que sea de enorme relevancia patrimonial, con lo que, a su vez, esta dimensión intensifica la importancia de la dimensión moral, habiéndose de valorar ambas siempre de forma separada.

3.- La extensión cualitativa del perjuicio estético. Su doble dimensión: estática y dinámica

Es importante advertir que perjuicio estético es el estático, pero que el dinámico también lo es; y, en este sentido, debe vencerse una tradicional inercia que lleva a valorar el primero en exclusiva. Téngase en cuenta, a su vez, que la construcción jurisprudencial relativa al concepto de "deformidad" está montada fundamentalmente, según he resaltado ya, sobre el disvalor penal de la lesión, sin atender a la visión reparatoria de su significación civil, por lo que, por ejemplo, no puede, en este segundo ámbito, aceptarse la consideración de que las deformaciones monstruosas y repulsivas son absorbentes de la pura alteración estética (STS, Sala 2ª, 15-04-87; Pte. Excmo. Sr. Díaz Palos). No es de recibo que, valorado como perjuicio fisiológico el menoscabo en que consiste la pérdida de un ojo (enucleación), se prescinda de su ponderación como perjuicio estético, tal como hiciera el Tribunal francés de Casación, Sala Civil, Sección 2ª, en sentencia de 10-03-68, según registra Max Le ROY (L'évaluation..., 14ª ed., n. 22 pie p. 78). Pero de esta cuestión me ocupo con detalle después.

Apoyado en la doctrina italiana, MARTÍNEZ-PEREDA ha resaltado, entre nosotros, que, al ponderarse el perjuicio estético, se ha tendido en especial a aquilatar su repercusión en el rostro humano (perjuicio fisionómico) como centro por excelencia del patrimonio estético de la persona (La cirugía estética..., p. 487). Para su medición, los autores dividen la cara en diversas zonas, señalando la mayor importancia que las cicatrices y discromías tienen en las partes orificiales y periorificiales (párpados, ojos, nariz y boca), su importancia intermedia en la mejillas y en el centro de la región frontal y su importancia menor en mentón y regiones laterales (ALONSO SANTOS, La valoración del perjuicio estético..., pp. 8-9; HINOJAL FONSECA, La valoración del perjuicio estético..., p. 3).

Pero, resaltada la relevancia del perjuicio fisionómico, es evidente que el perjuicio estético no se agota en él y que es impertinente marginar su proyección sobre las restantes partes del cuerpo. El perjuicio estético no lo sufre sólo el que queda desrostrado. No debe por eso negarse importancia a la dimensión cinética, referida a las alteraciones de la deambulación, manifestadas en la cojera o, más drásticamente, en su propia imposibilidad.

Dice en este sentido IRIBARNE que, cuando se habla del perjuicio estético, suele pensarse primeramente (matizo por mi parte que, a veces, con carácter exclusivo) en las cicatrices; "que no deben olvidarse otros factores de turbación de la belleza corporal" (De los daños..., p. 573); y que tal perjuicio ha de resarcirse, porque supone una vulneración del derecho a la conservación de la propia fisonomía, como alteración de la integridad corporal (p. 576).Azul BLU Fiorucci para Mujer FEPA005 Zapatillas 39 BLU EU gpZpaT

También HERNÁNDEZ CUETO afirma que no debe confundirse perjuicio estético y cicatriz (La prueba pericial..., p. 24); y en el mismo sentido se pronuncian GARCÍA BLÁZQUEZ y sus colaboradores (Diccionario terminológico..., p. 616). Por eso señala aquél que constituye un perjuicio de este tipo el defecto de la marcha por una ligera claudicación, de acuerdo con QUINTANO RIPOLLÉS (p. 571); cualquier amputación, aunque permita la implantación de prótesis (p. 573); la deformidad de la columna vertebral, que es la fealdad del corcovado (pp. 573-574); y resalta con CARRARA que la ceguera constituye un irremisible detrimento fisonómico (p. 572). Respecto de la ceguera, afirma que, aun sin lesión visible del globo ocular, constituye un detrimento estético relevante, pues el rostro del invidente queda despojado de un don fundamental: la virtualidad comunicativa de los ojos; y, en este sentido, trae a colación unas expresivas frases de del gran pensador y poeta cordobés ABENHAZAM: "con la mirada se aleja y se atrae, se promete y se amenaza, se reprende y se da aliento, se ordena y se veda, se fulmina a los criados, se previene contra los espías, se ríe y se llora, se pregunta y se responde, se concede y se niega" (pp. 562-563).

Puede, en este sentido, traerse a colación, el informe emitido en 06-04-99 por la médico-forense del Juzgado de Instrucción 5 de Móstoles, Dra. Rodríguez Albarrán, en exhorto 454/98. Se dictaminó en él que la lesionada quedó afectada por una ceguera casi absoluta (con una deficiencia visual del 95% en el ojo derecho y total en el izquierdo), haciéndose constar que, antes del accidente, gozaba de una adecuada visión binocular. Apreciada la existencia de tres cicatrices (en pirámide nasal, zona suprarotuliana derecha y rodilla derecha), se remata el informe con el añadido del perjuicio estético consistente en “la pérdida de la expresión de la cara por el aspecto de los ojos”.

De acuerdo con las ideas que anteceden, es claro que la correcta ponderación del perjuicio estético supone, según expresión de XIOL RÍOS, la superación del denominado “prejuicio epidérmico” (La valoración... estético, pp. 13, 19). También se refieren a la necesidad de ponderar la dimensión dinámica del perjuicio estético ASO ESCARIO y COBO PLANA (Valoración..., 2ª ed., p. 323).

Por otra parte, es claro que, como dice ZAVALA de GONZÁLEZ, el perjuicio estético se caracteriza por la exterioridad, habiendo de ser visualmente perceptible, pero sin que sea necesario que lo perciban los demás, pues la perfección física es deseable no sólo en el ámbito de la vida volcada al exterior, sino en el de la propia existencia solitaria (Integridad sicofísica, p. 180). Pero, en todo caso, sólo lo es si es exterior y perceptible; y por eso hay que entender que, en la actualidad, la sustitución de las piezas dentarias sufridas en el accidente, mediante prótesis que ofrecen el mismo aspecto, si no mejor, que el de las genuinas, impide la apreciación de un perjuicio de tal índole. Precisamente, la ablación de piezas dentarias constituye un ejemplo de deformación, cuya significación penal no se altera por la eficacia de un tratamiento de ortodoncia (STS, Sala 2ª, 15-04-87, Pte. Excmo. Sr. Díaz Palos), sin que tampoco se altere su significación como perjuicio fisiológico, a los efectos de su inserción en el capítulo ordinario correspondiente, pero con alteración eliminadora de la dimensión calógica.

A su vez, MASTROPAOLO se refiere a que constituyen supuestos de perjuicio estético la alteración de la voz y la exhalación de olores desagradables, cuando tienen su origen en el menoscabo corporal sufrido (Il risarcimento... salute, p. 592). Por otra parte, hay la idea de que la lesión estética insignificante no constituye un perjuicio resarcible, aunque lo es cuando se supera un umbral mínimo de aprehensión, como advierte ZAVALA de GONZÁLEZ (Integridad sicofísica, pp. 191-192).

Para medir la intensidad del perjuicio estético, en su dimensión estática, la doctrina divide el cuerpo en seis zonas: zona supervisible de la cara; zonas siempre descubiertas (manos, cuello, piernas en la mujer); zonas visibles con frecuencia (brazos, cuero cabelludo); zonas visibles en la práctica de deportes (tórax, abdomen, piernas en el hombre); zonas visibles en caso de desnudez (nalgas, pubis, caras internas de los muslos); y zonas raramente visibles (plantas de los pies, huecos axilares). De acuerdo con tal tipología, ASO ESCARIO y COBO PLANA distinguen diversos “focos de atención visual”, según que la deformidad sea percibida por todas las personas en cualquier situación; por todas las personas en situaciones especiales (en una playa, por ejemplo); y por los allegados en una situación íntima (de PDX zapatos mujer seda tal de Valoración..., 2ª ed., p. 329).

Casi todos los autores coinciden en que el perjuicio estético es independiente del perjuicio biológico, sicofísico o funcional; y, a su vez, la mayor parte de los que asumen esa diferenciación resaltan que no puede marginarse la dimensión dinámica de tal perjuicio, aunque luego, al estudiarlo específicamente y referirse a los criterios utilizables para su ponderación, concentran su esfuerzo reflexivo en las cicatrices y en las alteraciones de signo cromático, es decir, en la estética epidérmica.

Partiendo de la separación del perjuicio funcional y del perjuicio estético, el primero como resultado del ataque inferido al estricto patrimonio biológico de la persona y el segundo como resultado del ataque inferido al patrimonio fisionómico, se acepta con naturalidad que la integridad del primero se expresa con la cifra 100, de modo que cualquier menoscabo permanente de la salud tiene su expresión en puntos, que no son sino el porcentaje de disminución. Correlativamente, el cálculo relativo a la extensión del perjuicio estético debe efectuarse con la misma construcción, partiendo de cifrar en 100 la plenitud del patrimonio fisionómico de la persona, de modo que también los puntos correspondientes a un perjuicio estético son la expresión del porcentaje del empobrecimiento producido.

El trasplante de estas ideas a la valoración del perjuicio fisiológico (capítulos ordinarios de la tabla VI) se realiza, normalmente, sin especiales inconvenientes, expresándose mediante una puntuación que corresponde a un determinado porcentaje. Pero tal trasplante resulta extrapolado casi siempre, cuando se efectúa la valoración del perjuicio estético, de acuerdo con el baremo del capítulo especial.

La mixtificación valorativa se debe a la impronta mental que produce la adjudicación puntual que corresponde a un perjuicio “considerable”, pues, sentado que casi todos los operadores asumen que se le deben adjudicar más de 20 puntos, lo cierto es que esta cifra opera en la práctica, no como la puntuación mínima del perjuicio considerable, sino como la puntuación máxima de cualquier perjuicio estético. Así las cosas, la combinación del desprecio virtual del perjuicio estético en su versión dinámica y el techo virtual con que se maneja la escala gradual del capítulo especial se traducen en que lamentablemente aquél sea infravalorado por la práctica judicial. Bastaría quizá con que la graduación del perjuicio considerable se estableciera, no sólo con un mínimo (21 puntos), sino también con un máximo (100 puntos; ó 50, según explicaré después) para que mentalmente se facilitara el manejo correcto del capítulo especial en su operación primera; aunque lo ideal es que se recompusiera mediante una reforma legal acomodada a los presupuestos materiales de este perjuicio, es decir, a las exigencias de su propia razón de ser.

4.- El perjuicio estético y la indiscriminación sexual

La disciplina del perjuicio estético presenta en el sistema legal una neta variante en relación con el sistema orientativo. Con referencia al de 1991, pero sin dar al respecto la más mínima explicación, HERNÁNDEZ CUETO ha resaltado los criterios obsoletos con que se afrontaba su valoración (Breve revisión crítica..., p. 196). Efectivamente, el capítulo especial del sistema orientativo constaba de dos columnas en que se atribuía un arco de puntuación a cada uno de los grados del perjuicio, según que el lesionado fuera varón o hembra; discriminación de la que prescinde el sistema vinculante, al acoger el criterio de igualdad al que se atuvo, en consonancia con el art. 14 C.E., el Tribunal Supremo, Sala 2ª, en sentencia de 10-12-92.

Las críticas de que en este sentido fue objeto el sistema orientativo son expresión, en buena medida, de ese fenómeno tan frecuente de que parece que hay cosas que se pueden hacer y no decir, con lo que la fundamentación in pectore impide cualquier tipo de censura. Muy conocida es la sentencia que el Juzgado de Instrucción 17 de Valencia dictara en 10 de diciembre de 1991, recaída en juicio de faltas 2.703/89 (Ilma. Sra. Bayarri García), en cuya resolución, además de referirse con inapropiada ironía y autocrítica ausente, al “brillante cerebro redactor” de la Orden de 5 de marzo de 1991, se decía, de forma absolutamente pintoresca, que su regulación era inconstitucional, “por cuanto vulnera el art. 14 CE”, siendo “aparte de decimonónica, desfasada y desconocedora de las tendencias estéticas y exigencia creciente a nivel social de la estética masculina”, al adjudicarse al perjuicio estético del hombre menos puntos que al de la mujer.

Se mantuvo, como única, la asignación de puntos que antes integraba la columna del sexo femenino, con lo que teóricamente el perjuicio estético del varón quedó afectado por la posibilidad de una cierta ponderación aumentativa.

Por ejemplo, se recomendaba antes que un perjuicio estético medio de varón fuera valorado con una puntuación mínima de 7 y máxima de 9, mientras que ahora tiene que valorarse con un mínimo de 8 y un máximo de 10; y, a su vez, se recomendaba antes que el perjuicio considerable fuera valorado con un mínimo de 16 y, en cambio, ahora tiene que serlo con un mínimo de 21. Ante la alternativa de disminuir la valoración del perjuicio estético de la mujer o aumentar la del varón, se tuvo el buen gusto de acoger la segunda solución.

En el Anteproyecto de agosto de 1994, el capítulo especial era idéntico al del sistema orientativo, pero su redacción fue alterada en el Proyecto, mediante un texto que finalmente aprobó el Parlamento. Su definitiva composición, montada sobre la idea de eliminar las columnas sexuales, acogió la propuesta contenida en un Informe elaborado en 1993 por un Comité Médico de Especialistas que preconizaba la supresión de las diferencias, por tratarse de una desigualdad carente de justificación médica; aunque no se aceptó la propuesta de identificar el perjuicio considerable con el concepto de "monstruosidades", que corresponde a la expresión médica de un gravísimo daño estético, como es el causado por las grandes quemaduras sin posibilidad de reparación o por grandes deformaciones faciales (Informe de propuesta sobre modificaciones del baremo de secuelas publicado por OM de 5 de mayo de 1991, R. Esp. Segs., núm. 75, 1993, p. 209). Por ello, no hay base legal para asimilar el perjuicio considerable al concepto de monstruosidad, de modo que ésta encaja siempre en aquél, pero puede estimarse que lo hay sin haber monstruosidad.

Al criterio igualitario se había atenido ya la doctrina; y en este sentido, VICENTE DOMINGO decía en 1992 que el perjuicio estético, como daño extrapatrimonial, debe ponderarse sin distingo sexual alguno; y ello al margen de la variable indemnización que corresponda por su repercusión económica laboral (Los daños corporales..., p. 298); dato éste que escapa a la ponderación del capítulo especial que sirve para la determinación de una indemnización básica con la que se resarce el daño moral, sin atender a las consecuencias patrimoniales del menoscabo.

El sistema legal acoge, pues, el criterio igualitario; y su recepción constituye, de suyo, un indicio demostrativo de que las tablas VI y III ponderan las lesiones permanentes en su aspecto exclusivamente funcional o fisiológico, primero en su perspectiva médica y, después, correlativamente, en su económica traducción, con el complemento constituido por el perjuicio estético que, como daño moral, sin integrarse en él, está fuertemente ligado al daño biológico.

MARTÍNEZ-PEREDA estima acertado que el capítulo especial del sistema legal haya prescindido de la doble escala que, por razón de sexo, contenía el del orientativo (La cirugía estética..., p. 490). Pero HINOJAL FONSECA y MARCILLA ARECES se hacen eco de que en nuestra sociedad la misma alteración estética produce en la mujer mayor perjuicio que en el hombre (Valoración médica del perjuicio estético..., p. 97); y GONZÁLEZ-HABA opina que, aunque "la belleza se ha universalizado", "débese una mayor atención a la mujer", apostillando que "no creo que haya lugar a la protesta" frente a tal opinión (El daño personal..., p. 122). En el mismo sentido, BARES JALÓN y GEA BRUGADA señalan que el deseo de belleza es más específico en la mujer que en el hombre, por razones histórico-sociales, aunque hoy aumentan las excepciones (Análisis y valoración... Perjuicio estético, p. 641). Pese a ello, HINOJAL FONSECA resalta que la mención del sexo en la nota complementaria del capítulo especial es contraria al criterio constitucional de la igualdad y no discriminación (Daño corporal... valoración, p. 7). De la misma manera se pronuncian BENITO LÓPEZ (La indemnización... estético, p. 17) y MARTÍNEZ-PEREDA (La cirugía estética..., p. 490).

Con todo, ZAVALA de GONZÁLEZ puntualiza que el sexo, al igual que la profesión, no condiciona la existencia del perjuicio estético, pero influye en la magnitud de sus consecuencias (Integridad sicofísica, pp. 173-174). Pero, de la ponderación del sexo como factor determinante del alcance del perjuicio estético, me ocupo después, al estudiar la regla especial del recuadro con el que se remata su regulación tabular.

5.- El perjuicio estético y la indiscriminación social

Tradicionalmente marcadas las cuestiones valorativas por el subjetivismo judicial, la reparación del perjuicio estético es quizás uno de los puntos en que se han puesto más de manifiesto los prejuicios sociales, en la medida en que la condición social de la persona ha sido tomada en consideración para fijar el quantum indemnizatorio. En todo caso, la técnica de la globalidad y la falta de motivación dificultan el análisis demostrativo de la fuerza condicionante de unos prejuicios que hoy están proscritos por el art. 14 de la Constitución.

La valoración del perjuicio estético ha de efectuarse de forma objetiva, ponderando objetivamente las variables subjetivas, sin que sea permisible cualquier tipo de discriminación, ni por razón del sexo, como ya hemos visto, ni por razones de índole social, sin que tal discriminación exista cuando se consideran las circunstancias personales del lesionado, en orden a medir la intensidad del daño moral producido por el defecto, sobre todo al computarse el daño moral impropio (indirectamente económico) y, en su caso, el derivado perjuicio patrimonial.

Pero, en mi concepto, el daño moral impropio ligado a un perjuicio estético de cierta relevancia no se resarce a través de la tabla VI, sino a través del factor de corrección por perjuicios económicos, en el entendimiento de que ha de admitirse la prueba del valor superior, de acuerdo con una recta inteligencia de la norma del inciso segundo de la regla general 7ª (sin que tuviera que decirlo el Tribunal Constitucional con sus malabarismos sorprendentes), debiéndose (pudiéndose, desde luego) sostener, incluso, que el resarcimiento pleno del lucro cesante probado es compatible con el juego operativo del factor como resarcimiento de un perjuicio patrimonial básico desligado de las ganancias dejadas de obtener.

En todo caso, hoy es absolutamente inconcebible que pueda producirse una sentencia como la que en 1 de diciembre de 1933 dictó la Cámara Civil 1ª de la Capital Federal de la República Argentina, que, al resolver un recurso de apelación, declaró que para las mujeres pobres, la juventud es breve y que aunque esto sea una desigualdad en el injusto reparto de las cosas, no ha de buscarse en el Derecho, con motivo de la indemnización, la base de un resarcimiento compensador de esa situación, confirmando así el criterio discriminador al que se había atenido el juzgador de instancia, en el sentido de que, para una mujer analfabeta, dedicada a humildísimos menesteres domésticos y de 38 años, no importan gran cosa los defectos del rostro y las cicatrices producidas por un accidente de tránsito, lo que ha de apreciarse al fijarse el monto de la indemnización, negándose así el resarcimiento por el perjuicio estético o reputándolo de índole menor. Como dice IRIBARNE, se trata de un criterio aberrante que hoy escandalizaría por su irritante injusticia, propia de quienes sufren resentimientos de clase, adoptan disposiciones insolidarias y se atienen a una singular concepción de la virtualidad del rango social (De los daños...Cordones Tallas jazster GB Negro MUJER Zapatos 3 NUEVO 8 NEGRO Apache Con aqpWXZA, pp. 79-80, 283-284, 573 y 578).

Pero, en todo caso, aquella sentencia tenía el mérito de la motivación, pues justificaba (intentaba justificar) la decisión adoptada; y la argumentación explicitada sirve hoy para enjuiciar negativamente un enjuiciamiento que tantas veces se ha producido, aunque se ha escamoteado tradicionalmente su sentido mediante la utilización de fórmulas globales de expresión puramente decretal. Como saben los que la pretieren, la motivación puede evidenciar el desacierto; y, en este sentido, la sentencia reseñada es singular por su explicación y no por su solución, pues puede tenerse la conciencia de que en épocas pretéritas se produjo ésta con frecuencia, aunque la justificación efectiva permaneciera en un arcano muy querido y proclamado, además, como panacea del quehacer judicial.

En todo caso, el citado profesor resalta que la práctica ha utilizado el dato de la condición social para perjudicar al pobre, pero también para perjudicar al rico, pues, si, como hemos visto, se ha manifestado para asegurar la inmutabilidad de la pobreza, hay también el daño moral causado por la muerte de tres hijas que fue resarcido mediante una simbólica suma, con base en que los desconsolados padres eran muy pudientes, tal como sucedió en el famoso caso del asunto Santa Coloma vs. Ferrocarriles Argentinos (De los daños..., p. 283).

6.- Las secuelas funcionales con perjuicio estético. El problema del concurso

El perjuicio estético puede estar ligado o no a una secuela funcional, pero, en todo caso, como daño-consecuencia, es independiente del estricto perjuicio fisiológico. Hay la doble dimensión cuando la pérdida de un miembro, traducida en el correspondiente menoscabo funcional, supone también una alteración de signo estético (VICENTE DOMINGO, Los daños corporales..., p. 207); y por ello, aun en el caso concursal (daño biológico con repercusión estética), se ha de resarcir como partida autónoma, con independencia, a su vez, del resarcimiento que corresponda por las consecuencias pecuniarias, ligadas a un detrimento productivo (p. 208).

Hay, pues, secuelas puramente estéticas; y las hay ligadas a una secuela funcional, en cuyo caso ha de valorarse ésta y ha de ponderarse separadamente la repercusión calógica. Puede decirse por ello que, en este caso, se está ante un concurso ideal de secuelas. Se adscriben a este criterio GARCÍA BLÁZQUEZ y PÉREZ PINEDA (Manual de valoración..., p. 254); y resaltan en este sentido que las amputaciones, aparte su dimensión anatómico-funcional, tienen una extraordinaria importancia en su dimensión estética, sin que una absorba a la otra, por lo que han de computarse con separación (p. 30); criterio que aquél ha mantenido con sus colaboradores (Diccionario terminológico..., pp. 617-618).

También para CRIADO RÍO el daño estético es independiente de la incapacidad funcional (fisiológica), puntualizando que hay que valorar, de un lado, el déficit funcional determinante de la alteración estética y, de otro, ésta, sumándose después las respectivas puntuaciones (Ley 30/95... Comentarios..., p. 18). En igual sentido se manifiesta ALONSO SANTOS, cuando señala que la amputación de una pierna ha de ser objeto de una doble ponderación valorativa, aunque advierte "que la puntuación de la dimensión estética no puede ser superior a la de la funcional o anatómica" (Interpretación práctica..., pp. 152-153). Al mismo criterio se atienen BENITO LÓPEZ (La indemnización... estético, p. 15) y GONZÁLEZ-HABA (El daño personal..., p. 128).

En cambio, MARTÍNEZ GÓMEZ opina sectariamente que el perjuicio estético no es valorable cuando es la consecuencia de un perjuicio funcional ya ponderado (Análisis..., pp. 59-60); criterio al que también se atiene VARGAÑÓN PALACIOS (La valoración... estético, p. 27). Sin expresarlo con absoluta nitidez, parece que ASO ESCARIO y COBO PLANA consideran que, cuando el perjuicio funcional supone un perjuicio estético, éste debe ponderarse al margen de aquél (Valoración..., pp. 163, 164, 169), aunque en alguna ocasión hacen referencia a que el perjuicio estético puede computarse para elevar el rango de la valoración del perjuicio funcional (p. 167). En este caso, el puro criterio de la absorción, por el que el perjuicio estético se convierte en daño despreciable (no resarcible), cede al de la absorción atemperada en un sentido agravatorio.

PDX mujer tal de de seda zapatos Con referencia a las secuelas mandibulares y linguales, dicen que, efectuada su valoración, "habría que añadir el defecto estético" (pp. 163-164). Pero, al referirse al hundimiento del globo ocular en su órbita (enoftalmos), después de destacar la importancia de su dimensión estética, apuntan que, siendo el perjuicio funcional excluyente del estético, la ponderación de éste debe llevar a elevar el rango en la puntuación de aquél. (p. 167). A su vez, al referirse a las secuelas parpebrales, señalan que, a la luz del baremo, no está claro si el perjuicio estético debe computarse con separación o si ha de ponderarse para medir el rango de la secuela en su definición completa (p. 169).

En todo caso, pese a las dudas que suscitan estas reseñas particulares, y pese a que, al estudiar específicamente el capítulo especial, se refieren sólo a las cicatrices (pp. 273-274), el criterio de estos autores es que el sistema legal separa el perjuicio estético del funcional, por lo que siempre ha de ser ponderado aquél con independencia, sin que haya de ser tenido en cuenta al valorar las secuelas de los capítulos ordinarios (p. 117); y así lo ponen de manifiesto en el apéndice de los casos prácticos, al valorar la consolidación viciosa de la mandíbula (p. 285), las amputaciones de muñeca (p. 293), mano (p. 295) y dedo (p. 297), así como la gonartrosis (p. 294), el genu valgo (p. 301) y la artrosis femoropatelar (p. 303).

Posteriormente, estos autores han ampliado y matizado sus ideas (Valoración..., 2ª ed.) y han advertido que, de acuerdo con el sistema legal de puntuación y a la luz de la correspondiente regla explicativa, la adjudicación de puntos a una concreta lesión permanente (funcional u orgánica) ha de efectuarse teniendo en cuenta sus características específicas en relación con el grado de limitación o pérdida de la función que haya sufrido el miembro u órgano afectado, pero sin que se incluya la ponderación de su repercusión estética; y ponen el ejemplo de una mastectomía, para cuya valoración como perjuicio funcional, de acuerdo con la regla incluida en el capítulo ordinario correspondiente, hay que medir su grado, su amplitud, su trofismo, el dolor que genere y la colocación de material extraño, pero sin que se compute su implicación estética (nivel de deformidad), pues la alteración del aspecto exterior que conlleva se ha de considerar de acuerdo con el capítulo especial (p. 316).

Habiéndose de valorar con neta separación y sin confusión alguna el perjuicio fisiológico y el perjuicio estético, los expresados autores no se refieren sólo a la necesidad de ponderar separadamente la repercusión estética de una determinada lesión funcional, sino que incluso se refieren a que el perjuicio estético puede originar una determinada lesión psíquica; y señalan que, en este caso, valorado el perjuicio estético de acuerdo con el capítulo especial, hay que acudir al capítulo ordinario correspondiente para valorar el expresado daño psicológico (pp. 330). En este caso, no estamos ante una lesión funcional que origine un perjuicio estético, sino ante un perjuicio estético que origina una lesión funcional.

Es muy frecuente en la práctica que las reclamaciones de los abogados de los perjudicados, y, desde luego, las propuestas de las aseguradoras, incurran en la corruptela defectiva de limitar el perjuicio estético a las secuelas cicatriciales, marginando el de dimensión cinética.sint de Merceditas Coolers Merceditas Coolers de sint Coolers Sx1fHS

La singularidad técnica de la cicatriz como concepto resarcitorio radica en el previo desprecio de su sustrato como daño biológico, por no tener la significación orgánica o funcional que implica la fijación de un porcentaje de menoscabo. Pero cuando el sustrato biológico del perjuicio estético tiene rango funcional, ha de valorarse uno y otro, sin que el segundo quede absorbido por el primero; y sin que éste sirva para intensificar el rango de aquél.

GARCÍA BLÁZQUEZ y PÉREZ PINEDA consideran que la cojera, la mastectomía, las parálisis faciales y las ptosis parpebrales integran un perjuicio estético valorable al margen del aspecto funcional (p. 30-31); y también la amputación de algún miembro, la pérdida de alguna falange en dedo de la mano y la pérdida de algún ojo (Curso práctico..., pp. 141-143). De acuerdo con tal criterio, la tipología enunciativa y práctica que construyen incluye tanto las secuelas exclusivamente estéticas (cicatrices) como las nacidas de un menoscabo funcional (pp. 141-143), sin excluir la expresión de tristeza que, ligada a los padecimientos causados por las lesiones, suponga una sensible alteración de la propia imagen (Manual de valoración..., p. 31).

HINOJAL FONSECA y MARCILLA ARECES diferencian las alteraciones estéticas en visibles, ocasionalmente visibles y no visibles; y entienden que las últimas no constituyen un perjuicio estético, poniendo como ejemplo las cicatrices plantares de los pies y las ocultas en el cuero cabelludo, que estiman valoradas en el capítulo 1º, con una estima de 2 a 12 puntos (Valoración médica del perjuicio estético..., p. 96). Pero debe tenerse en cuenta que el capítulo expresado valora las "cicatrices dolorosas o neurálgicas" localizadas en el cuero cabelludo, ponderándose, no las cicatrices en sí, sino el dolor a ellas anudado, en el entendimiento de que no constituyen secuela funcional cuando el dolor brilla por su ausencia. Pero, respecto de la cicatriz que afecte al cuero cabelludo, ASO ESCARIO y COBO PLANA puntualizan con acierto que debe considerarse la eventualidad de una pérdida del cabello que la cubre (Valoración..., 2ª ed., p. 317).

Sentado que la valoración del perjuicio estético se ha de efectuar con independencia de la del sicofísico, por ser entidades dañosas diferenciadas, HINOJAL señala, no obstante, que, apreciado el perjuicio sicofuncional, no cabe valorar el estético de forma separada, proscribiendo así la duplicidad ponderativa de una misma secuela (Daño corporal... valoración, p. 7). Pero seguidamente se refiere a la pérdida de la nariz (parcial o total), a la ablación del globo ocular (con o sin prótesis), a la deformación o pérdida del pabellón auditivo y a la cojera sin concreta filiación; y dice que en estos casos es injusto prescindir de la específica ponderación del perjuicio estético, proponiendo su valoración adicional, "pero en un grado leve en su máxima puntuación" (p. 7).

Se incurre así en un cierto contrasentido pues, atendiendo al último de los ejemplos, parece decirse que, si la cojera no es filiable, debe completarse la valoración del menoscabo físico con una cierta ponderación de su dimensión estética, como si tal criterio no fuera predicable de cualquier cojera, incluida la que resulte de una neta filiación; y, no se explica por qué ha de efectuarse tal ponderación en esos casos y no siempre.

Entiendo, por tanto, que el sistema separa con nitidez, a efectos valorativos, la dimensión anatómica y la dimensión estética de los menoscabos permanentes. Por eso no comparto el criterio de VILLANUEVA LOSCERTALES quien, al estudiar las secuelas auditivas (capítulo 1º), ve mezcladas las estéticas (deformación importante del pabellón auditivo o pérdida del mismo) y las funcionales (pérdida auditiva), afirmando que se genera cierta confusión (Análisis y valoración... Sistema auditivo, p. 212).

En mi concepto, no hay mezcla alguna de situaciones; y la confusión radica en considerar que el capítulo incluye la deformidad (zapatos tal seda mujer de PDX de rectius:el defecto) y la pérdida en su dimensión estética (deformidad), pues una y otra constituyen una deficiencia en sí, un menoscabo corporal, que es valorado tabularmente como tal, sin que se tome en consideración, en principio, la pérdida de la audición, y sin que se pondere en lo más mínimo su significación estética.

Téngase en cuenta que, como dice la señalada autora, la aurícula o pabellón de la oreja tiene una función de orientación del oído, pero una escasa repercusión en la función auditiva, de modo que, en caso de amputación, existe una muy leve diferencia del umbral auditivo (p. 201); matización que, de primeras, resulta extraña al lego.

Si, como consecuencia del traumatismo determinante de la pérdida o deformación importante del pabellón auricular, hay pérdida auditiva (hipoacusia; cofosis, en su caso), la puntuación atribuida a ésta se une a la de aquélla, con la singularidad de que ambas secuelas funcionan como una sola, por lo que se acude a una suma simple de puntuaciones, sin aplicar en este caso la regla ponderadora de las secuelas concurrentes.

En todo caso, la pérdida o deformación importante del pabellón auricular es una secuela estrictamente física (anatómica) que, en principio, se valora en exclusiva como tal, con el eventual añadido de la pérdida auditiva. A su vez, junto a la dimensión física de la secuela, que puede no existir como tal (si la deformación no es importante), hay la dimensión estética que ha de medirse de acuerdo con el capítulo especial, en el entendimiento de que, siendo una secuela físicamente poco relevante (máximo de 4 puntos), es, en cambio, una secuela estética que GARCÍA BLÁZQUEZ y PÉREZ PINEDA califican con razón como muy importante (Manual..., 6ª ed., p. 106), con lo que se pone de manifiesto que la dimensión estética de una secuela puede ser más relevante que su dimensión anatómica o funcional.

ASO ESCARIO y COBO PLANA ponen también el ejemplo de los ectropiones para referirse a un perjuicio fisiológico de mínima entidad que se traduce en un relevante perjuicio estético; y, en este sentido, señalan que los párpados (sobre todo los inferiores) evierten hacia el exterior, dejando en rojo todo el territorio endotelial, a modo de luna que enmarca el ojo afectado, con conjutivitis de repetición, lagrimeo y eczemas paraparpebrales, tratándose de un déficit funcional de índole menor que, afectando a una superficie corporal muy pequeña, genera un perjuicio estético bastante relevante, porque provoca en la relación interpersonal un efecto de desagrado de cierta intensidad (Valoración..., 2ª ed., p. 324).

Por eso no es aceptable la tesis de MESONERO GIMENO (la valoración anatómica de la pérdida del pabellón auricular impide la valoración del perjuicio estético) ni la de VILLANUEVA LOSCERTALES (la pérdida del pabellón auditivo sólo es objeto de valoración estética, aunque esté situada en la órbita anatómica); la primera, porque, valorando el daño biológico de la pérdida anatómica, niega la fealdad que comporta, y la segunda, porque, valorando sólo ésta, desprecia el menoscabo del patrimonio biológico personal.

Estamos ante una materia en la que el casuismo de la realidad obliga a realizar continuos reajustes de concepto. En el recurso penal de apelación resuelto por la sentencia de 20 de octubre de 1997, de la Audiencia de Madrid, Sección 17ª (Ilmo. Sr. Fernández Entralgo), se planteó la cuestión del resarcimiento correspondiente a una cicatriz situada en la cara interna del labio superior. La solución adoptada consistió en negar que hubiera un perjuicio estético, al no resultar externamente perceptible; y por eso no se adjudicó indemnización alguna por dicha cicatriz.

Pero, en mi concepto, negada la existencia del perjuicio estético, podría cobrar sentido la consideración biológica de esa cicatriz, precisamente por su propia ubicación; y pienso que se le debería haber adjudicado una puntuación mínima, como menoscabo de signo fisiológico, evitándose que un concreto daño, aunque muy poco relevante, quede sin resarcir. Porque de minimis curat praetor.

Insisto como conclusión en que la valoración del perjuicio estético refiere en exclusiva a una dimensión estrictamente moral, sin que deba mezclarse con su dimensión económica y sin que deba confundirse con la estricta dimensión biológica. Por eso, en su preámbulo, el Baremo funcional indicativo de las incapacidades en Derecho común, de la Revista Le Concours Médical, utilizado por los jueces franceses, afirma que el perjuicio estético debe valorarse sin atender a su incidencia económica, que ha de ponderarse con separación; y que tampoco debe tenerse en cuenta su aspecto funcional, cuando existe, pues éste, ya se toma en consideración al ponderarse el menoscabo sicofísico. A su vez, y precisamente porque al ponderarse el menoscabo sicofísico se atiende a él en exclusiva, hay que entender que su valoración no excluye en absoluto la valoración del componente moral ligado a su repercusión estética.

7.- La graduación del perjuicio estético. La cuestión terminológica y el inconveniente de las categorías importadas

Como ya se ha señalado, el alcance del perjuicio estético se mide en el capítulo especial a través de una escala de seis grados que se enuncian, de menos a más, como ligero, moderado, medio, importante, muy importante y considerable, atribuyéndose a cada uno un mínimo y un máximo de puntuación, con excepción del último en que sólo se expresa la mínima puntuación. Se trata de una tipificación importada de la doctrina extranjera, realizada mediante una traducción literal de los conceptos, que produce un cierto desajuste en castellano (traduttore, traditore).

Al ocuparse de la utilización de estos conceptos, SÁ se hace eco de que en lengua portuguesa la palabra "considerable" encierra la idea de que se está ya ante un perjuicio particularmente significativo, pero que no llega a ser importante, quedándose en el umbral de éste, sin llegar a serlo (Clínica..., p. 132). Por eso la escala utilizada en el Instituto de Medicina Legal de Coimbra se acomoda a la exigencias del portugués y habla de perjuicio ligero, moderado, medio, considerable, importante y muy importante (pp. 215, 233, 244).

Pues bien, lo que SÁ dice de la lengua portuguesa, hemos de decirlo nosotros de la nuestra, pues también en ésta la voz "considerable" hace referencia a un perjuicio inferior al importante, de modo que lo correcto habría sido que la graduación del capítulo especial se hubiera acomodado a la significación española de los conceptos utilizados, colocándose el perjuicio considerable entre el medio y el importante, en el entendimiento de que ello habría tenido que dar lugar a alterar la redacción de la regla especial del recuadro, hablando en ella de deformidades y cicatrices considerables e importantes.

Haciéndose eco de la impropiedad de expresión a que me he referido, AMILIBIA HERGUETA ha escrito con ironía que, antes de que se aprobara el Baremo, él creía que algo muy importante era más que algo considerable (La pericial médica..., p. 27).

8.- La medición del perjuicio estético. El criterio de la ponderación global y el de la ponderación analítica

Aunque no hay ninguna regla que lo ordene, hay que entender que el perjuicio estético ha de ponderarse en su conjunto. Existiendo diversos elementos determinantes del mismo, no procede atribuir a cada uno una determinada puntuación para fijar el valor del conjunto mediante la aplicación de la fórmula de Balthazard, sino que ha de efectuarse una calificación de su grado, con consideración de todos los datos ponderados y, una vez catalogado el grado del perjuicio, debe fijarse la puntuación que corresponda a su integridad. Así lo dice con acierto MARTÍNEZ GÓMEZ (Análisis..., pp. 59 y 65); y lo apunta también CRIADO RÍO (Valoración..., 1999, p. 486).

Por tanto, no debe puntuarse aisladamente cada elemento determinante del perjuicio estético, sino que debe efectuarse una puntuación global atendiendo al resultado estético final, sin una atomización que sería perturbadora e insolente. La puntuación es un consiguiente y la intensidad o grado del perjuicio constituye el antecedente ponderativo y no al revés; de modo que la puntuación debe ser decidida después de haberse fijado el grado, sin que éste venga determinado por una puntuación previamente decidida.

Por eso se presta a confusión un informe como el que produjo el médico forense en el juicio de faltas 759/97, del Juzgado de Instrucción núm. 1 de Arcos de la Frontera, fechado en 09-10-97.

El lesionado sufrió un accidente en una atracción de feria, padeciendo abrasión y quemaduras en diversas partes de su cuerpo. Al darlo de alta, el médico forense hizo constar que le quedó "tejido cicatrizal en zona injertada de 18 x 16 cms. de tamaño, en cara lateral de cadera y muslo derechos", así como "mancha hipopigmentada de 9 x 6 cms. de tamaño, localizada en tercio inferior de cara anterior de muslo derecho", añadiendo que "ambas secuelas originan un perjuicio estético importante". A continuación, señala que también le quedó una "cicatriz de morfología redondeada de 2 cms. de tamaño en cara dorsal de muñeca derecha, lo que origina un perjuicio moderado"; "cicatriz (en forma de mancha discrómica) en cara lateral de tercio inferior de brazo, codo y tercio superior de antebrazo derecho, que, al igual que la anterior, origina un perjuicio moderado"; y "lesiones discrómicas de pequeño tamaño en tobillo izquierdo, originando un perjuicio estético no importante".

Atomizado el perjuicio estético, nos encontramos con dos secuelas que integran un perjuicio importante y otras tres secuelas, de las cuales dos dan lugar a dos perjuicios moderados y la otra a un perjuicio medio (no importante). Teniendo en cuenta los mínimos y máximos de puntuación, la utilización de la regla de Balthazard se traduciría en atribuir entre 29 y 35 puntos a tales perjuicios, lo que equivaldría a una consideración conjunta del perjuicio como "considerable" y en alto grado. Se trasplanta así al ámbito del perjuicio estético el sistema de puntuación del perjuicio fisiológico.

Frente a la técnica de medición que queda más que insinuada en tal informe, entiendo que el perjuicio estético, atendiendo a sus diversos elementos, debe ser ponderado en su globalidad, con lo que, en mi concepto, se habría de apreciar en un grado que podría ser "importante" o "muy importante", sin excluir la posibilidad de estimarlo, de acuerdo con la terminología legal, en el grado de "considerable", pero sin exagerar en absoluto su intensidad.

Adscrita a la técnica global de valoración -opuesta a la técnica analítica-, la Audiencia de Sevilla, Sección 4ª, se ha referido a ella en sentencia de 6 de noviembre de 1998 (Ilmo. Sr. Paúl Velasco), diciendo que su corrección nace de que el concepto legal de perjuicio estético es unitario o gestáltico, sin que se procedente valorar separadamente todos y cada uno de los elementos que integran la composición de dicho perjuicio. Debe, en todo caso, registrarse que, en el caso de autos, el perjuicio estético estaba constituido exclusivamente por cicatrices.

Al plantearse la cuestión tratada, GARCÍA BLÁZQUEZ y sus colaboradores adoptan una postura de cierto eclecticismo que, en definitiva, resuelven mediante una adscripción matizada a la tesis vertebradora del perjuicio estético, pero sin incurrir en una balcanización desmesurada. En su concepto, se ha de atender a uno o a otro criterio, según la propia índole de los componentes del perjuicio estético. Señalan que, en principio, tratándose de cicatrices, se ha de acudir a una valoración global, aunque apuntan que, cuando no están interrelacionadas, debe procederse a su valoración independiente, por lo que queda insinuado que hay que acudir a la valoración separada cuando, además de cicatrices, hay componentes antiestéticos de diverso signo (Diccionario terminológico..., p. 617).

En todo caso, la cuestión es discutible y la respuesta puede venir determinada de forma distinta a la propuesta después de reflexionar sobre la significación material de los puntos que contempla el capítulo especial.

Sabemos que los puntos del perjuicio fisiológico son la expresión de un porcentaje de menoscabo sicofísico. Cuando las diversas secuelas concurrentes se resuelven con la adjudicación final de 15 puntos, se está afirmando que el patrimonio biológico del lesionado ha quedado disminuido en un 15%.

Siendo esto incontestable, en cuanto presupuesto material con el que se conforma el baremo de las secuelas sicofísicas y, por tanto, la regulación de su funcionamiento, parece que debe hallarse el mismo fundamento en la configuración del capítulo especial; y, en este sentido, los 15 puntos atribuidos a un perjuicio estético suponen, en principio, que el patrimonio estético del lesionado ha quedado reducido en un 15%.

Adoptada esta perspectiva, puede cobrar visos de racionalidad la medición de las diversas secuelas estéticas, mediante su cálculo analítico y no global, utilizando, por tanto la regla legal de la concurrencia. Después de todo, acudir a una liquidación analítica del perjuicio estético, atendiendo de forma separada a cada uno de sus componentes, valorados como secuelas distintas, se ajusta al principio de vertebración con el que se estructura todo el sistema; y no se capta, de primeras, la razón por la que la ponderación del perjuicio estético habría de constituir una excepción. De cualquier forma, el uso de la técnica analítica tendría que estar ligada a una cierta puntualización esencial.

Dicha puntualización, que ya ha quedado apuntada y de la que me ocupo después con más profundidad, consiste en captar que la regla aritmética de la suma de la puntuación final del perjuicio fisiológico y del perjuicio estético debe entenderse en el sentido de que deben sumarse, no las respectivas puntuaciones, para obtener una única puntuación final y llevarla a la tabla III, sino los resultados económicos de la inserción separada de esas puntuaciones, obteniéndose así una indemnización básica integrada por la suma de las dos cantidades resultantes.

Pero la utilización separada de la misma tabla –única existente al respecto- supone equiparar la significación económica de ambos perjuicios, pues, fijado para ambos el mismo porcentaje, las sumas resultantes son iguales; y esa solución igualitaria es incorrecta, pues, bajo una pauta general, debe entenderse que es de superior entidad el disvalor del perjuicio fisiológico que el del estético.

Por ello, al no contar el capítulo especial con una tabla especial, que sería lo técnicamente procedente, no queda más remedio que acudir, como veremos, al criterio de que la máxima extensión del perjuicio estético debe cifrarse en 50 puntos, de tal manera que éstos suponen un porcentaje del 100%, entendiendo, pues, que los puntos adjudicados tienen que doblarse para expresar su correcta traducción en porcentaje, con lo que se consigue que sea razonable la utilización de la tabla III.

Dejo así apuntadas las dos posibilidades existentes respecto a la ponderación del perjuicio estético, consistentes la primera en utilizar una técnica global y la segunda en utilizar una técnica analítica que atiende separadamente a cada uno de sus componentes; y queda apuntada la técnica intermedia, que se vale, primero, del mecanismo global, pero proyectándolo separadamente, según la índole de los diversos perjuicios, y, después, del mecanismo analítico para obtener el resultado final, determinado por la aplicación de la regla de las secuelas concurrentes.

Sobre esta cuestión, debe mencionarse el criterio del Comité Médico de Seguimiento de la Tabla VI que, constituido por iniciativa de la Comisión Técnica de Seguros de Automóviles de Unespa, afirma ser independiente en su quehacer y funcionar bajo criterios estrictamente científicos. Referente tal criterio a la valoración médica del perjuicio estético, aparece incluido en las recomendaciones que, para la utilización de la indicada tabla, aprobó en su reunión de 16 de abril de 1999, publicadas por la Comisión, mediante Circular 14/99, de 28 de mayo.

De tales recomendaciones se refieren al perjuicio estético la 7ª y 8ª. La primera de ellas consiste en que “se sugiere que la valoración del daño corporal estético deberá contemplarse como un estado global de la persona y no como la suma independiente de cada uno de los elementos que intervienen en el mismo”; y, a su vez, la segunda -que no es un ejemplo de correcta redacción- es del tenor literal siguiente: “teniendo en cuenta [que] la alteración sicofuncional, es decir, la secuelas denominadas defecto, y el daño estético, es decir, las secuelas denominadas como deformidad, son conceptos completamente diferentes, se hace la siguiente sugerencia: que la puntuación otorgada al perjuicio estético no debería ser sumada aritméticamente a la puntuación otorgada al resto de las secuelas. Por lo tanto, la aplicación de la tabla III se debería hacer de forma independiente para cada uno de las dos puntuaciones”.

Como veremos después, estoy de acuerdo por completo con esta última recomendación, tanto con la expresión de su presupuesto científico (la autonomía del perjuicio fisiológico y del estético), como con su conclusión (suma de cantidades calculadas separadamente y no resultado de sumar las puntuaciones finales respectivas, como puntuación total definitiva). Pero el funcionamiento correcto de esa conclusión, como consecuencia natural de su fundamento científico, sólo es posible si se vincula con la idea de que se cifre en 50 la máxima puntuación del perjuicio estético, superando el sólito reflejo mental de que el máximo efectivo se encuentra en 20, lo que exige una recomposición de los criterios utilizables para fijar la correcta calificación. Así las cosas, puede, incluso, entenderse que queda desvanecida la bondad de la 7ª recomendación y que la conclusión contraria resulta más plausible, dados los silencios en que incurre.

Debe, en todo caso, advertirse que, de optarse por la técnica analítica, bien con un carácter absoluto (exclusiva y excluyente de la técnica global), bien con un carácter relativo (compartiendo su uso con la técnica global, según la naturaleza de los diversos componentes), la atribución de puntos separados a los diversos perjuicios estéticos, como secuelas diversificadas, exige llegar a una puntuación final mediante la utilización de la fórmula legal de las secuelas concurrentes (regla de Balthazard), sin que sea de recibo acudir a la regla de la suma aritmética de puntos, que sólo está concebida para la medición valorativa del concurso de secuelas de diversa índole, es decir, para valorar la concurrencia del perjuicio fisiológico y del perjuicio estético.

La puntuación final del perjuicio estético es la fórmula a la que se acude, al igual que sucede con el perjuicio fisiológico, para expresar el porcentaje en que queda menoscabado el patrimonio estético de la persona y por ello la medición del concurso de secuelas estéticas ha de realizarse mediante el uso de la fórmula de Balthazard, de modo que, frente a quienes sostienen que la puntuación final del perjuicio estético es la que resulte de la suma aritmética de los puntos adjudicados a cada uno de sus diversos componentes, hay que afirmar que incurren en un manifiesto error, montado sobre el desconocimiento del fundamento médico-legal de la medición considerada.

9.- El límite puntual

Al igual que acontecía en el sistema orientativo, el perjuicio estético “considerable” está valorado con un mínimo de 20 puntos, sin que se establezca un máximo. Así resulta del signo utilizado (>) que la gente de letras tiende a marginar, dejándolo de usar.

GARCÍA BLÁZQUEZ y PÉREZ PINEDA entienden que un perjuicio estético puede valorarse perfectamente en 30 puntos (Curso práctico..., p. 139). Hay, a su vez, algún autor como BONÉ PINA, al que pasa desapercibido el signo señalado, diciendo por ello, que el capítulo especial atribuye al perjuicio estético entre 1 y 20 puntos (La indemnización..., p. 865). Lo mismo le sucede a MARTÍNEZ-PEREDA, quien, viendo el signo en el sistema orientativo, deja de verlo en el vinculante (La cirugía estética..., p. 492).

Estimo por ello que, de acuerdo con el signo utilizado y manejando la inadecuada graduación legal, un perjuicio estético muy “considerable” puede ser objeto de una altísima puntuación que, en principio, carece de límite, aunque, teniendo en cuenta el juego de la regla explicativa del sistema de puntuación y la composición de la tabla III, fluye el criterio lógico de que hay un límite intrínseco de 100, pues rebasarlo supondría descomponer los propios postulados materiales del baremo. Se desecha así la tesis exacerbada de quienes, ateniéndose a la rudimentaria regla del ubi lex non distinguit, niegan que existe límite puntual alguno, pregonando su superficialidad e ignorancia crasa, aunque lo normal es que se trate de una desmedida defensa de intereses unilaterales y que aquélla sirva sólo para sostenerla sin pudor.

Junto a la tesis de la centena, puede sostenerse que hay un límite intrínseco inferior, de difícil precisión, pues carece de sentido que un supremo menoscabo funcional (100 puntos) pueda tener el mismo valor que un supremo menoscabo estético, por lo que, situado en tal tesitura, me inclino por considerar que éste, en el peor de los casos, debe quedar cifrado en un máximo de 50 puntos; idea ésta que parece acoger ASO ESCARIO (Aspectos médicos..., p. 270), explicitada después, según veremos. De esta forma, los 50 puntos serían la expresión de la suprema fealdad, equivalente a un perjuicio estético del 100%, de modo que, al doblarse la puntuación alcanzada, se obtiene el porcentaje del menoscabo relativo al patrimonio estético de la persona afectada. FERNÁNDEZ ENTRALGO se ha pronunciado en el mismo sentido, señalando que "una interpretación intrasistemática" lleva a fijar el tope en los 100 puntos que, incluso, le parece desproporcionado, por lo que añade que "tal vez resulte lógico no exceder... del doble de esos 20 puntos" que constituyen el máximo del penúltimo tramo de la escala de intensidad (Valoración..., p. 312), dando paso con 21 al comienzo del último peldaño.

Como queda apuntado, la tesis de la centena tiene su fundamento en la consideración de los puntos como expresión del porcentaje del detrimento estético. Afirmada la autonomía relativa del perjuicio estético, XIOL RÍOS se atiene a dicha tesis (Daño patrimonial y daño moral..., p. 307-308; La estructura del daño corporal..., p. 6; La valoración... estético, p. 17). A su vez, la tesis de la cincuentena –que es la de la centena, pero expresada con congruidad- combina el fundamento anterior con un principio de proporción valorativa del perjuicio funcional y del perjuicio estético como menoscabos divergentes; y viene determinada por el hecho de que tanto el estricto perjuicio fisiológico como el perjuicio estético se reconducen a la tabla III, sin que pueda prescindirse de ella en absoluto. La idea es que, partiendo de esta tabla única y dado el mismo porcentaje de menoscabo fisiológico y estético, éste debe resarcirse con una suma equivalente a la mitad de aquél.

Con ponderado criterio, ALONSO SANTOS sostiene que el alto grado de "considerable" debería quedar circunscrito a las grandes deformaciones (Interpretación práctica..., p. 153); y entiende que, ante la ausencia de un estricto límite legal, hay que acudir a un doble criterio determinativo: el de la congruencia y el de la proporción (p. 152).

El criterio de la congruencia consiste en señalar que, si cada uno de los cinco primeros grados de la escala del capítulo tiene un margen que no sobrepasa los cinco puntos, carece de sentido que el último carezca de una cota máxima (p. 152). A su vez, el criterio de la proporción parte de la base de que el menoscabo fisiológico es el principal, siendo secundario el perjuicio estético que produce; y la consecuencia de esta estimación es que la puntuación atribuida al segundo no puede ser superior a la que se otorgue a la lesión original, poniendo el ejemplo de que el perjuicio estético de una pierna amputada es menos importante que la propia amputación (pp. 152-153) o el de que la deficiencia estética del parapléjico no puede valer lo mismo que la paraplejia en sí (interv. oral, IV Congreso, 26-09-97). Por eso concluye que la puntuación otorgada al detrimento estético no debe ser nunca mayor que la atribuida a la lesión que lo determina (p. 153).

Parece claro que tales ideas, sin desconsiderarse, deben matizarse. Respecto del criterio de la congruencia gradual, debe advertirse que los márgenes máximos de las cinco primeras categorías son, respectivamente, de cuatro, tres, cuatro y seis, por lo que, con la idea apuntada, el límite puntual de la sexta categoría quedaría establecida en la cifra 26, de acuerdo con el posible sentido de su propia progresión. Estamos así ante la que puede denominarse tesis del cuartillo de centena o de la centena cuarteada, que surge de combinar los dos fundamentos anteriores con el de la congruencia graduativa. Pero es evidente que la significación del signo utilizado para la medición del perjuicio "considerable" es expresiva de la voluntad legal de que aquellos otros márgenes no tengan virtualidad condicionante. De mejor recibo es el criterio de la proporción, que es expresivo de una lógica elemental con la que debe operarse siempre al encarar la interpretación de todas las reglas tabulares y de todo el sistema como conjunto normativo. Pero quizá no sea sostenible con una generalidad incondicionada, pues hay casos en que la dimensión estética de un menoscabo fisiológico permanente puede ser más relevante que el propio menoscabo. Lo cierto es que la principalidad del menoscabo fisiológico no puede afirmarse siempre. Pienso, por ejemplo, en la amputación o en la rigidez del quinto dedo de la mano izquierda de un lesionado diestro; así como en la pérdida o en la importante deformación de un pabellón auditivo.

Es innegable, en todo caso, que la proporción constituye una referencia fundamental que debe ser tenida en cuenta, reafirmándome por ello en la idea de que el perjuicio estético más “considerable” no debe sobrepasar nunca los 50 puntos, como límite intrínseco que es de difícil inducción y que, aunque discutible, es el que mejor se acomoda a los presupuestos materiales del subsistema tabular, es decir, a su propia razón de ser, sin que suponga alteración de su estructura normativa. De esta suerte se supera el rigor de una interpretación estrictamente literal que es a la que se atiene XIOL RÍOS (La valoración... estético, p. 18).

Se trata de un límite que se afirma si se supera la abstracción significativa de las puntuaciones tabulares, es decir, si no se olvida que los puntos no son sino cifras porcentuales, con las que se expresa el porcentaje del menoscabo resultante. A base de manejar los puntos en la práctica, se termina por desconocer su cabal significado; y en la comprensión de éste se encuentra la clave con que interpretar el inicial enigma de este capítulo especial.

A través de los capítulos ordinarios de la tabla VI, se van desgranando las diversas lesiones permanentes o secuelas, constitutivas del correspondiente perjuicio fisiológico o biológico. Cada secuela cuenta con su propia puntuación que expresa el porcentaje (tanto por ciento) del menoscabo que comporta, aisladamente considerada. Existiendo, a su vez, secuelas concurrentes, la puntuación final expresa el porcentaje del menoscabo que comporta su conjunto.

Se trata, en definitiva, de medir el perjuicio fisiológico que causan las lesiones permanentes, o, lo que es lo mismo, de medir la pérdida de capacidad anatómica o funcional; y, como se parte de la base de que la plena validez sicofísica de la persona se expresa con la cifra 100, cualquier detrimento permanente de la salud, que supone disminución, se expresa mediante el correspondiente porcentaje. Precisamente el hecho de que los puntos no sean sino porcentajes de menoscabo, determina que no se pueda superar la cifra 100, porque, técnicamente, un menoscabo de salud del 100% supone el quebranto radical de la salud, es decir, la muerte, la privación de la vida.

Pero, cuando se habla del perjuicio fisiológico, para hacer referencia a la pérdida de capacidad (genérica) de la persona, no se incluye la dimensión estética, por lo que la consideración de ésta es de suyo ajena al porcentaje del perjuicio fisiológico permanente. Siendo distintos el perjuicio fisiológico y el perjuicio estético, su valoración debe efectuarse separadamente y hay que evitar su confusión, con la que se distorsiona la racionalidad de la urdimbre tabular.

Lo ideal sería que, al igual que la plenitud del patrimonio biológico se expresa con la cifra 100, correspondiendo los puntos que resultan de la aplicación de los capítulos ordinarios al porcentaje del menoscabo permanente de ese patrimonio, se partiera de un patrimonio estético que en su plenitud se expresara también con la cifra 100, de modo que, a su vez, los puntos resultantes de la utilización del capítulo especial expresaran el porcentaje del correspondiente menoscabo.

Así las cosas, la superior entidad del perjuicio fisiológico debería traducirse en la existencia de dos tablas de valoración económica distintas, una para el perjuicio fisiológico y otra para el estético, de modo que las mismas puntuaciones de menoscabo se tradujeran en la adjudicación de una indemnización superior para el primero.

Hechas estas afirmaciones de carácter sustancialista, lo cierto es que el sistema legal puede ser interpretado de modo que quede acomodado a ellas. A tal efecto, se parte del corsé constituido por la tabla III como única tabla que sirve para valorar económicamente las lesiones permanentes, tanto en su estricta dimensión fisiológica como en su dimensión estética.

Pero basta con afirmar que la máxima puntuación del perjuicio estético se cifra en 50 puntos, equivalente a un 100% de menoscabo de tal carácter, para que su funcionamiento, conectado con la tabla III, produzca la racionalidad apetecida, pues, al utilizarse dicha tabla con ese máximo de puntos, se llega a un resultado coincidente con el que se obtendría si la cifra máxima fuera 100 (como 100% del menoscabo estético) y su conversión en pesetas se realizara mediante una tabla ad hoc que recogiera cantidades que fueran la mitad de las establecidas en la tabla del perjuicio fisiológico. Queda de esta forma construida la base justificativa del auténtico sentido de la regla de la suma aritmética de puntuación, a la que me refiero en el siguiente apartado.

En la revisión de su obra originaria, ASO ESCARIO y COBO PLANA emiten con compromiso su opinión y afirman que, en su concepto, el límite máximo “práctico” (con referencia, por tanto, estrictamente, al concreto capítulo especial) del perjuicio estético podría cifrarse en 50 puntos; pero no profundizan en la razón de ser de tal afirmación, teniendo sólo un sentido aproximativo la justificación a la que acuden, con un criterio de proporción, al decir que tal límite parece asumible porque el valor máximo del perjuicio estético no debería superar los puntos que pueden adjudicarse a una “hemisección medular” o a una “impotencia funcional absoluta de miembro inferior” (Valoración..., 2ª ed., p. 318).

10.- La ponderación del concurso de secuelas. La combinación del perjuicio funcional con el estético. La regla de la suma aritmética y su cabal sentido

En principio, parece claro que, teniendo un lesionado diversas secuelas, la fórmula legal del efectivo menoscabo da lugar a fijar, en un primer momento, la puntuación correspondiente a la concurrencia de lesiones permanentes; y sólo después entra en juego la del perjuicio estético, con la pura suma aritmética de las dos puntuaciones. Así resulta de una interpretación literal del sistema de puntuación, incluido en las reglas explicativas del apartado segundo del anexo valorativo.

Una vez adjudicada la puntuación final, la tabla III proporciona el valor del punto, de conformidad con la edad que tuviera el lesionado al sufrir el accidente. Pero cabe plantear si, al jugar el máximo de 100, la suma de las dos puntuaciones está afectada o no por ese límite. BOROBIA FERNÁNDEZ apuntó esta posibilidad interpretativa tan pronto entró en vigor el sistema, resaltando además la falta de techumbre puntual del perjuicio estético (El nuevo baremo legal..., p. 7). Anteriormente, GARCÍA BLÁZQUEZ y PÉREZ PINEDA entendieron que si las lesiones permanentes de carácter anatómico/funcional alcanzaban un resultado de 100 y había secuelas estéticas valoradas con 30, se obtenía una puntuación de 130, admitiendo por ello que se rebasara aquella cifra máxima, entendida sólo como tope del menoscabo funcional, con referencia al estricto patrimonio biológico de la persona (Curso práctico..., p. 139).

El criterio doctrinal dominante es, pues, que el límite de los 100 puntos no tiene un carácter absoluto, sirviendo sólo para la ponderación de las secuelas funcionales concurrentes, pudiendo perfectamente ser rebasado por la incidencia de los puntos adjudicados al perjuicio estético.

Frente a tal posición, hay la literal de que "en cualquier caso, la última puntuación no podrá ser superior a 100 puntos", tal como afirma la regla explicativa del sistema de puntuación de las secuelas concurrentes, afirmándose la inclusión de todas, en su doble dimensión (fisiológica y estética). Es la tesis prohibitiva del rebasamiento de la centena de puntos.

Esta interpretación literal resulta avalada por la consideración de que, aplicada la regla de la puntuación concursal, nunca puede, de suyo, sobrepasarse la cifra 100, según ha destacado XIOL RÍOS (Las indemnizaciones... permanentes, p. 15; La valoración... estético, p. 16), con lo que se apunta que la prohibición de un rebasamiento, que no puede producirse de por sí, sólo tiene sentido como afirmación de que la limitada puntuación funcional engloba la que, por simple adición, resulte de incluir el perjuicio estético. No obstante, advierte que la regla referente a la suma aritmética de los puntos del perjuicio estético está colocada después de aquella limitación puntual, de lo que se colige que cabe la superación de la centena (Las indemnizaciones..., p. 15; Daño patrimonial y daño moral..., p. 308; La estructura del daño corporal..., p. 5; La valoración... estético, pp. 14, 17), pues la expresa exclusión de la técnica ponderativa de la concurrencia (fórmula de Balthazard) conlleva la posibilidad real de sobrepasarla (p. 307), siendo conclusión que BENITO LÓPEZ apunta como posible (La indemnización... estético, p. 16), dado que se trata de valorar el perjuicio estético, "además de las secuelas permanentes", tal como afirma aquella regla explicativa. Se trata de la tesis permisiva del rebasamiento, aunque su mecánica da lugar a tres variantes.

Frente a la tesis inicial de que la puntuación del perjuicio estético se añada aritméticamente a la final ponderada del perjuicio fisiológico, siempre con el límite centenar, la tesis que aboga por la posibilidad de que éste sea rebasado se apoya en que la referencia a la valoración de aquel perjuicio integra el último párrafo de la regla explicativa referente a las lesiones concurrentes, argumentándose que tal ubicación revela que el límite afecta sólo al porcentaje con el que se cuantifica el menoscabo funcional. Aplicada la fórmula de Balthazard para puntuar las secuelas funcionales concurrentes, resalta XIOL, sólo a continuación se establece la forma de aplicar el sistema de puntuación a los perjuicios estéticos, lo que supone excluirlos de la fórmula expresada, de modo que la ponderación conjunta de ambos tipos de perjuicios permite franquear la cifra 100, pues la ley se abstiene de reiterar ese límite puntual (Daño corporal. Composición y estructura..., p. 5). Fijadas las puntuaciones correspondientes al menoscabo fisiológico y al perjuicio estético, se aplica la regla de la simple adición y se obtiene la puntuación final de las lesiones permanentes.

Pero la tesis de que la puntuación final puede sobrepujar el límite expresado encuentra naturalmente el obstáculo de que la tabla III se detiene en él, con lo que realmente, al obtenerse una puntuación final superior, habría de valorarse el punto de acuerdo con la previsión contenida para el máximo de los posibles en dicha tabla, en atención variada a la edad del lesionado, con lo que la adjudicación de 100 puntos supondría atribuir a cada uno el mismo valor que en el caso de que la puntuación final fuera superior. Es la tesis de la escala congelada. Se atienen a ella GARCÍA BLÁZQUEZ y PÉREZ PINEDA, para los que, asignados 130 puntos a las lesiones permanentes, por la adición de los atribuidos al perjuicio estético, el valor del punto es el que la tabla atribuye a 100 (Curso práctico..., p. 139). Al mismo criterio se atiene XIOL RÍOS (Las indemnizaciones... permanentes, p. 16; Daño patrimonial y daño moral..., p. 308; La estructura del daño corporal..., p. 6; La valoración... estético, p. 18).

Pero también podría pensarse en integrar progresivamente un criterio proporcional, afirmándose así la tesis de la escala progresiva, que lleva a la sobrevaloración de los puntos excedentes. Dice en este sentido FERNÁNDEZ ENTRALGO que puede intentarse inferir de la tabla III un índice de progresión de tramos, que se construyen de 5 en 5 puntos, con lo que el exceso se aplicaría a partir de los 105, aunque señala que parece difícil asumir esta línea aplicativa, dada la "dificultad del cálculo de la razón de incremento" (Criterios... permanente, p. 88). Tesis que supone, en todo caso, desconocer el significado de la cifra 100, como presupuesto sustantivo del sistema de puntuación.

Pero hay también la tesis de la escala retornada o del nuevo comienzo, por virtud de la cual, obtenida la puntuación final, se aplica la tabla III en la que se establece el valor del punto, con el límite de 100; y si tal puntuación supera el centenar, debe fijarse la indemnización que corresponda a dicho máximo, para, a su vez, aplicar de nuevo la tabla en el exceso, desde su comienzo, con lo que la valoración del perjuicio estético resulta descompuesta, pues se valora con el máximo en su primera parte (la correspondiente a la diferencia existente entre 100 y la puntuación final de las secuelas funcionales) y se minusvalora en su segunda parte (los puntos excedentes). Esta tesis, por la que se infravaloran los puntos excedentes, ha sido descrita como posible por BENITO LÓPEZ (La indemnización... estético, p. 17); pero carece del más mínimo fundamento y supone un funcionamiento tabular puramente absurdo.

Reseñadas las tres variantes de la tesis permisiva, ninguna es de recibo. Carece, desde luego, de sentido que la valoración del perjuicio estético resulte condicionada por el alcance del menoscabo funcional, pues quedaría quebrantado el principio igualitario que proclama el inciso primero de la regla general 7ª y el cual sólo se respeta si la puntuación y la valoración económica del perjuicio estético se producen con independencia del estricto daño fisiológico. La coherencia material del subsistema tabular exige que la autonomía conceptual de ambos tipos de perjuicios se traduzca en su autonomía resarcitoria, sin desquiciarlos mediante un criterio absurdo de interdependencia valorativa. Carece de sentido que, ante un supremo o casi supremo menoscabo fisiológico (100 puntos o puntuación próxima a tal cifra), se desprecie por completo o casi por completo el perjuicio estético, al no poderse valorar o al poderse valorar sólo parcialmente. La tesis prohibitiva del rebasamiento de la centena de puntos no es de recibo, porque conduce a un absurdo atroz.

A su vez, la tesis permisiva del rebasamiento de la centena, cualquiera que sea la variante que se prefiera, tampoco es asumible, porque supone acudir a una ponderación valorativa ajena a los presupuestos conceptuales de la regulación tabular, al desquiciarse el significado del patrimonio biológico y del patrimonio estético, como conceptos basilares.

También carece por completo de sentido que la valoración del perjuicio estético se realice en función de la importancia del perjuicio fisiológico, y que la valoración de éste se realice en función de la importancia de aquel otro. Es absurdo y por completo irracional que dos personas de la misma edad que sufran el mismo grado de pérdida de audición perciban por tal perjuicio una indemnización distinta por el hecho de que a uno le hayan quedado tres cicatrices y no le haya quedado ninguna al otro; y es absurdo que, si a dos personas con la misma edad le han quedado tres cicatrices idénticas, una de ellas reciba por ese perjuicio estético mayor cantidad por el hecho de que haya sufrido una pérdida de audición.

de PDX tal seda de zapatos mujer Las normas legales no pueden traducirse en unos absurdos resultados y, utilizada cualquiera de las variables de la tesis permisiva, las soluciones resultantes son, efectivamente, absurdas, porque es absurdo que el perjuicio fisiológico valga más, por estar acompañado de un perjuicio estético; es absurdo que un perjuicio estético valga más, por estar unido a un perjuicio fisiológico; es absurdo que el perjuicio fisiológico en soledad valga menos; y es absurdo que, en soledad, también valga menos el perjuicio estético.

Tales tesis son, en definitiva, el fruto de una interpretación literal y acrítica del sistema de puntuación y, en concreto, de la regla de la suma aritmética, que sólo puede ser interpretada atendiendo a sus propios fundamentos (ratio legis), con los que no casan las lógicas abstraídas, de puro laboratorio. Se impone así una interpretación crítica, lógica y dialéctica de la regulación tabular, impuesta por razones axiológicas, al tiempo que se desecha la literal, de acuerdo con el denominado criterio apagógico.

En mi concepto, la única fórmula coherente de actuación valorativa pasa, según he señalado antes, por la idea de que la suma aritmética a que hace referencia el párrafo final de la regla explicativa del sistema de puntuación por lesiones concurrentes no está constituida por la suma de los puntos (porcentajes) de las lesiones funcionales y de las estéticas, sino por la suma aritmética de las respectivas indemnizaciones básicas, previa valoración separada de aquellas puntuaciones, con aplicación de la tabla III a cada grupo de secuelas. Se aplica, pues, la regla de la suma aritmética, pero entendida, no como suma aritmética de cada una de las puntuaciones finales –la del perjuicio fisiológico y la del perjuicio estético-, sino como suma aritmética de las sumas correspondientes a esas puntuaciones definitivas.

Se sostiene así que han de efectuarse dos operaciones valorativas diferenciadas, sin realizarse la adición de puntuaciones. Es la tesis de las valoraciones separadas, con su subsiguiente integración. De esta forma, se calcula, de un lado, la cantidad correspondiente a la puntuación de las lesiones funcionales y, de otro, la relativa a la puntuación de las lesiones estéticas; y sólo después se acumulan las respectivas sumas, dando lugar a la indemnización básica total.

Tal es el criterio al que se atiene ALONSO SANTOS, artífice material del baremo originario, quien entiende errónea la regla de que se sumen aritméticamente las puntuaciones totales de las secuelas funcionales y de las estéticas, sosteniendo que ambos menoscabos deben valorarse con separación, por corresponder a conceptos bien diversos (Propuesta sobre modificaciones..., p. 18). MARTÍNEZ GÓMEZ es de la misma opinión (Análisis..., p. 66); y también CRIADO RÍO se muestra partidaria de esta técnica (Valoración..., 1999, p. 573). Aseguradores y médicos legales coinciden en este punto, movilizados éstos por razones puramente científicas y movilizados aquéllos por puras razones interesadas.

En cambio, XIOL RÍOS se muestra refractario a la aceptación de la tesis expresada, pues, aparte de advertir que es contraria al tenor literal del sistema legal de puntuación (ya estamos ante el imperio del in claris), afirma que no parece que aporte más racionalidad a su funcionamiento, argumentando que cuenta con cierta lógica que el perjuicio estético, como deformidad que dificulta la actividad social y la convivencia, sea puntuado de un modo superior cuando se presente acumulado a una deficiencia orgánica (La valoración... estético, p. 18); criterio éste, de tipo sustancial, que margina el propio sentido valorativo de los perjuicios fisiológicos, al mezclarlo con su repercusión en las actividades convivenciales del lesionado.

Al criterio que postulo se atiene, según hemos visto, la 8ª de las Recomendaciones adoptadas, en su reunión de 16 de abril de 1999, por el Comité Médico de Seguimiento de la tabla VI, constituido por iniciativa de UNESPA, quedando perfectamente expresado el presupuesto de su racionalidad científica. El texto de tal recomendación es el siguiente:

8.-          Teniendo en cuenta [que] la alteración psicofuncional, es decir, las secuelas denominadas defecto, y el daño estético, es decir, las secuelas denominadas como deformidad, son conceptos completamente diferentes, se hace la siguiente sugerencia: que la puntuación otorgada al perjuicio estético no debería ser sumada aritméticamente a la puntuación otorgada al resto de las secuelas. Por lo tanto, la aplicación de la tabla III se debería de hacer de forma independiente para cada una de las dos puntuaciones.

Estoy de acuerdo por completo con la sugerencia contenida en tal recomendación, pero debe resaltarse que es, a todas luces, incompleta, pues, para un adecuado funcionamiento del capítulo especial, debería haberse insistido, al tiempo, en la propia consistencia del perjuicio estético, destacando que, dentro de él, encaja el de carácter dinámico; y, a su vez, debería haberse destacado la necesidad de evitar las disfunciones que produce el funcionamiento de tal capítulo cuando no se tiene en cuenta la cabal significación de la puntuación del último de sus tramos, dejándose en el aire, además, la propuesta de solución de otros importantes puntos conflictivos, como el de la compatibilidad de la dimensión funcional y estética de aquellas secuelas que cuentan con el doble componente.

De esta forma, se efectúa una interpretación de la legalidad tabular que resulta acomodada a sus presupuestos materiales, los cuales dejan de respetarse si se desconoce que el déficit fisiológico y el déficit estético son independientes, en cuanto dimensiones nocivas estrictamente diferenciadas. Sólo así cobra su genuino sentido la especialidad del capítulo referente al perjuicio estético, netamente separado de los capítulos ordinarios referentes al estricto perjuicio fisiológico.

Puede replicarse que la interpretación propuesta se aparta de la intención del Legislador, habida cuenta que, según la regla, la adición ha de realizarse sin tener en cuenta la fórmula de corrección prevista para la concurrencia de lesiones, mediante la suma aritmética de los puntos que resultan de aplicar, primero, los capítulos ordinarios, y, después, el capítulo especial.

Pero cabe duplicar que, al efectuarse la suma aritmética de las cantidades resultantes de la aplicación separada de la puntuación de las dos clases de perjuicio, se respeta la desconsideración de la fórmula correctiva del concurso, con lo que se cumple perfectamente la ratio del mandato legal, evitándose los efectos perversos que se anudan al imperio miope del in claris.

Con la interpretación apuntada (suma aritmética de las cantidades que resulten por la aplicación separada del sistema de puntuación) cuadra el criterio de CRIADO RÍO cuando, desde la autonomía de ambas dimensiones, se opone a la combinación de sus respectivas puntuaciones (Valoración médico legal..., p. 269), pues carece de sentido que el daño funcional valga más si se le anuda un daño estético y que éste valga más, al mezclarse con aquél.

Entiendo, pues, que la fórmula de adicionar las cantidades que resultan de aplicar separadamente la tabla III a las secuelas sicofísicas y al perjuicio estético es la que se acomoda a la razón de ser de la separación de ambas dimensiones, pues, siendo el menoscabo estético distinto del funcional, éste es el que se contempla en exclusiva cuando se utiliza la fórmula de Balthazard y carece de sentido que ésta, impuesta legalmente, se abstraiga de los presupuestos científicos que la condicionan, justificándose así su consagración normativa.

Por otra parte, la interpretación propuesta se acomoda al mandato legal, pues la adición de las sumas obtenidas con las puntuaciones finales separadas es una forma de adición de éstas. Se evita así la mezcla de churras con merinas, en el entendimiento que la fórmula propuesta evita, de un lado, la drasticidad de una limitación puntual que sólo tiene sentido si se separan las dos índoles del menoscabo y, de otro, las dislocaciones de cálculo que produce la admisión de que la puntuación final conjunta pueda ser superior a la centena.

Se desecha, pues, la inconsecuencia de que el valor del punto sea el que se atribuye en exclusiva a 100 cuando la puntuación conjunta es superior; y se desecha también el artilugio de completar la tabla con la construcción de tramos progresivos por encima de aquel tope. Pero también se corta la posibilidad de que el rebasamiento centenar se solucione con la técnica inconsecuente del retorno al comienzo de la tabla, con un vicioso matrimonio en los extremos. De acuerdo con tal tesis, obtenida la puntuación final, se aplica la tabla III en la que se establece el valor del punto, en función de la puntuación total y de la edad del lesionado; y si tal puntuación supera la centena, debe fijarse la indemnización que corresponda a dicho máximo, para, a su vez, insertar en la tabla, pero desde su comienzo, el exceso pendiente, con lo que la valoración del perjuicio estético resulta descompuesta, pues se valora con el máximo en su primera parte (la correspondiente a la diferencia existente entre 100 y la puntuación final de las secuelas funcionales) y se minusvalora en su segunda parte (los puntos excedentes).

Sentado, por tanto, que el perjuicio estético debe ponderarse con separación del sicofísico, mediante la aplicación separada de la tabla III, es de significar que este criterio fue asumido por el Consejo de Estado, en dictamen 76/93, emitido por su Sección 6ª, en 25-03-93.

En el trance de valorar los daños y perjuicios sufridos por quien había resultado gravemente lesionado como consecuencia de un desprendimiento de piedras, yendo a bordo de un vehículo que circulaba por una carretera nacional, en un tramo carente de las adecuadas medidas de seguridad, el Consejo de Estado estimó utilizables los criterios de la Orden de 1991, que estableció el sistema orientativo de valoración. Se atribuyeron así 96 puntos al menoscabo sicofísico y 56 al perjuicio estético, ponderándose separadamente las respectivas indemnizaciones.

Pero sorprende la forma en que el Consejo efectuó los cálculos, al utilizarse el sistema de forma nada fidedigna. En lo que refiere al menoscabo sicofísico, los 96 puntos resultaban de aplicar la que el supremo órgano consultivo denomina "fórmula prevista de escala constante" (Balthazard), al atribuirse 80 puntos a una tetraparesia de predominio izquierdo, 50 a unas alteraciones esfinterianas, 10 a unas alteraciones psíquicas y 5 a una limitación de la motilidad de la columna cervical. Fijada así la puntuación de 96 -sin haber tomado en consideración el perjuicio estético- señala el Consejo de Estado que, por ser el lesionado un joven menor de edad, correspondía a cada punto una valoración de 96.276,- ptas., por lo que la indemnización que se propuso quedó cifrada en 9.242.946,- Ptas.; siendo esta valoración manifiestamente errónea, pues la suma que correspondía a cada punto era de 307.524,- Ptas., con lo que la indemnización pertinente tendría que haberse cifrado en la muy superior de 29.522.304,- Ptas.

Calculada aquella suma de forma tan peregrina, por no saberse utilizar la tabla III, procedió seguidamente el Consejo de Estado a valorar el perjuicio estético, al que atribuyó 56 puntos, según el siguiente desglose: 7, por una cicatriz de más de 10 cms.; 6, por una cicatriz que partía del occipital y discurría hasta la región dorsal; 5, por ser varón el lesionado; 3, por carecer de profesión especial; y aplicación de un multiplicador corrector de 2. Fijada así la puntuación final de 56, se atribuye a cada punto un valor de 32.000,- Ptas., por lo que la indemnización por el perjuicio estético quedó cifrada en 1.792.000,- Ptas.

No hay, desde luego, forma de saber por qué el Consejo atribuyó a cada punto aquel valor, sin que se tomara en consideración, desde luego, la tabla III. Adviértase que la adjudicación de puntos tampoco se ajustaba al sistema valorativo, sino que la estableció de acuerdo con las propuestas que GARCÍA BLÁZQUEZ había formulado en su Manual de Medicina legal para profesionales del Derecho, mantenidas, sin la adecuada adaptación, en el Manual de valoración y baremación del daño corporal (1ª ed., p. 237), publicado cuando ya se había instaurado aquel sistema.

En todo caso, sin perjuicio de haber destacado las irregularidades de la valoración efectuada por el Consejo de Estado, que tomó el sistema como referencia orientativa y muy singular, la he querido destacar, porque se efectuó la valoración del perjuicio sicofísico y del perjuicio estético, separándolos por completo, según propongo como única interpretación ajustada a los presupuestos materiales del sistema vinculante de valoración.

Nos encontramos, pues, con que la regla tabular de la suma aritmética puede ser objeto de dos interpretaciones. De un lado, tenemos la interpretación literal y acrítica (irracional) que la capta como regla de la suma aritmética de las respectivas puntuaciones, siendo interpretación que conduce, en todo caso, a unos resultados valorativos absurdos que son contrarios a su razón de ser (criterio apagógico de exclusión); y, de otro, la interpretación crítica y científica (racional) –lógica y dialéctica- consistente en que, partiendo de la necesidad de acudir a una suma aritmética, suma, no las puntuaciones respectivas, sino las sumas resultantes de llevar éstas separadamente a la tabla III, siendo esta interpretación la que se ajusta a la propia razón de ser de la regla ponderada, pues atiende con coherencia a sus propios presupuestos materiales, se acomoda, sin desquiciarlo, al principio igualitario y cercena la posibilidad de llegar a unos resultados valorativos carentes de congruidad (criterio axiológico de aceptación).

Justificada de forma cumplida la tesis interpretativa de las valoraciones separadas, debe desecharse una cierta variante que, contrariando su propio fundamento racional, se detecta en alguna ocasión en la práctica judicial. Consiste la misma en no sumar las puntuaciones finales del perjuicio psicofísico y del perjuicio estético, valorándolos con independencia (criterio correcto de la separación), pero adjudicando al punto del perjuicio estético, no el valor que le corresponde en atención a la puntuación alcanzada, sino el valor que corresponde al punto del perjuicio fisiológico (criterio incorrecto de la confusión parcial), con lo que se evita la impertinente potenciación de la indemnización básica asignada al primer perjuicio, aunque, en cambio, se produce una hipervaloración del segundo (si su puntuación es inferior a la del perjuicio fisiológico y no se encuentran ambas en el mismo ábaco tabular) o en una hipovaloración del mismo (si sucede lo contrario).

Tal es el error en que incurrió la Audiencia de Castellón, Sección 3ª, en sentencia de 29 de enero de 2001 (Ilmo. Sr. Marco Cos), que, tras adjudicar 100 puntos al perjuicio fisiológico de la lesionada y 50 al perjuicio estético y tras declarar que uno y otro se han de valorar separadamente, fijó por el primero una indemnización básica de 36.851.400,- Ptas. (al valer cada punto 368.514,- Ptas., de acuerdo con la Resolución actualizadora de 2 de marzo de 2000) y fijó para el segundo una indemnización básica de 18.425.700,- Ptas. (al adjudicar a cada punto el valor adjudicado a cada punto funcional), en lugar de 11.663.650,- Ptas. (pues, siendo 50 la puntuación final, cada punto habría de haberse cifrado en 233.273,- Ptas.). De esta forma, lo que hizo la Audiencia, en contra de su propia proclama (las valoraciones se han de realizar con independencia) fue atenerse a la tesis de la superación de la centena en un supuesto concursal y aplicar de forma pura y simple, estrictamente literal, la regla de la suma aritmética de puntos, atribuyendo a cada uno de los 150 fijados el valor que tabularmente se asignaba a la puntuación final que alcance la cifra 100.

11.- La regla explicativa singular del capítulo. Los factores codeterminantes de la cuantificación del perjuicio estético. La edad y el sexo como parámetros específicos de medición.

El capítulo especial cuenta con una regla explicativa que, recogida en el recuadro que sigue a las reglas de graduación escalonada, ya se encontraba en el sistema orientativo. Consiste en señalar que, "para las situaciones especiales con deformidad o cicatrices visibles importantes, la puntuación se determinará teniendo en cuenta la edad y sexo de la persona, así como la incidencia en su imagen para la profesión habitual", añadiéndose que "se valorará también el coste de las necesarias intervenciones de cirugía plástica reparadora".

Así pues, cuando se trate de un perjuicio estético importante (considerable), muy importante (importante) o considerable (muy importante), su valoración exige tener en cuenta la incidencia de esos factores. Dice CRIADO RÍO en este sentido que no es igual la misma cicatriz en una joven que en un anciano (Valoración médico legal..., p. 266), con cuya indicación, más que una puntualización de ajuste ponderativo, se introducen verdaderas zozobras.

Si tales factores deben ponderarse, no se entiende, en principio, por qué no lo han de ser (con la duda que suscita, en principio, la mención discriminatoria del sexo) cuando el perjuicio se inserte en los primeros grados de la escala; y quizá se entiende menos que haya de ser considerado el dato de la edad.

Téngase en cuenta que, al aquilatarse el dato de la edad para la adjudicación puntual, como porcentaje de menoscabo que afecta al patrimonio estético de la persona, se produce un neto solapamiento, dado que también se tiene en cuenta al final en la fijación del valor del punto que corresponda a la puntuación total obtenida, de acuerdo con la tabla III; duplicidad valorativa, de efecto multiplicador (o divisor) inconsecuente, que BENITO LÓPEZ ha resaltado igualmente (mujer de tal de seda zapatos PDX La indemnización... estético, p. 17); y también ASO ESCARIO/COBO PLANA (Valoración..., 1ª ed., pp. 273-274).

Se trata, en todo caso, de factores a considerar en relación exclusiva con el perjuicio moral (latu sensu) que causa la lesión estética permanente, sin que, desde luego, haya de ponderarse su eventual repercusión económica. CRIADO RÍO señala en este sentido que el daño estético es independiente de la incapacidad laboral y que, dado que ésta debe ponderarse ciertamente, como daño patrimonial, si se toma en consideración al valorarse el daño estético, se incurre en una duplicación valorativa (Ley 30/95... Comentarios..., p. 17).

Por otra parte, el hecho de que se establezca el sexo como factor para la ponderación puntual entra en aparente colisión con la idea que preside la textura del capítulo, que no discrimina su proyección sobre varón o hembra, aunque la expresa referencia al factor sexual apunta la diversa incidencia que una misma secuela puede tener cuando el defecto sea, por lo menos, importante. RODRÍGUEZ JOUVENCEL decía en 1991 que, entre los factores a manejar para la apreciación del perjuicio estético, se encuentra el sexo, pero que no puede tomarse como elemento esencial, pues ello comportaría el uso de un criterio netamente discriminatorio (Manual del perito médico, p. 39).

Estamos, en definitiva, ante un sí es no es; id est, ante un elemento ponderable, pero poco explicitable, pues, como dice FERNÁNDEZ ENTRALGO, el texto de la regla sugiere subliminalmente que la misma lesión estética se considera más grave en la mujer, con lo que, expulsada la discriminación como criterio general, en su comparación con la regulación del sistema orientativo, reingresa como factor corrector extraordinario (Valoración..., p. 317), sin que se expliciten las razones justificadoras de tal reingreso.

CRIADO RÍO dice en este sentido que, si se toman en consideración las instrucciones que contiene la regla del recuadro, la misma alteración estética de un hombre y de una mujer dará lugar a la misma cualificación de grado, pero con adjudicación de más puntos a la mujer; y por eso afirma que la regulación del perjuicio estético en el sistema vinculante sigue siendo discriminatoria, aunque discrimine menos que la contenida en el sistema orientativo (Valoración..., 1999, pp. 476, 477, 571).

Lo importante de la ponderación del perjuicio estético radica en que éste, a diferencia de lo que sucede con el funcional, se valora con base en criterios extrafisiológicos, personales y sociales, aunque sin la consideración de su posible repercusión económica.

A su vez, la recurrencia al sexo, ordenada por la regla del recuadro, no debe interpretarse como un prejuicio legal de carácter discriminatorio, sino que, como ha resaltado XIOL RÍOS, con la finura que le caracteriza, el sexo del que sufre el perjuicio ha de ser tomado en consideración, porque la estética de los sexos es diversa y no se trata de ponderar el sexo del lesionado para discriminarlo con una mayor o menor valoración en relación con el opuesto, sino de ponderarlo de acuerdo con las exigencias de su propia estética, fijando una valoración que debe realizarse sin tomar el otro como punto de referencia (intervención oral, conferencia Valladolid, Las indemnizaciones... permanentes). Por esa vía se nos proporciona una justificación plausible de la inserción del sexo entre los datos que deben ponderarse para la medición del alcance del perjuicio estético.

Así las cosas, insisto, si se incrementan los puntos del perjuicio estético de un lesionado, en atención a su juvenil edad, se produce una evidente duplicación, contraria al principio de idemnidad, pues, a su vez, llevados los puntos obtenidos a la tabla III, su valor vuelve a incrementarse con base en la juvenil edad. Por contra, si se adjudican menos puntos al perjuicio estético del lesionado, en atención a su edad senil, se produce una doble disminución, pues, su valor vuelve a sufrir la atenuación que impone la alta edad.

Por eso puede entenderse que la referencia a la edad en la regla de que tratamos, inserta dentro del capítulo especial, constituye un defecto de diseño que se produce como consecuencia de la vinculación de los puntos resultantes al juego operativo de la tabla III. Ésta se establece con carácter común, tanto en el caso de que la valoración económica del perjuicio fisiológico y del perjuicio estético se efectúen de forma separada, para sumar después las sumas resultantes, como en el caso de que se parta ya de una puntuación conjunta; cuando lo ideal es que, afirmada la autonomía conceptual de uno y otro perjuicio, la misma se tradujera en una autonomía resarcitoria que debería realizarse mediante la utilización de dos tablas distintas de valoración económica, sin que entonces el valor del punto del perjuicio estético estuviera necesariamente condicionado por el dato de la edad del lesionado, que se computaría, precisamente y sólo, al efectuarse la fijación de los puntos.

A su vez, en lo que refiere a la utilización del factor del sexo para primar cuantitativamente la puntuación del perjuicio estético femenino, se produce sólo un aumento (en la mujer) o una disminución (en el hombre), sin que vuelva a producirse al aplicarse la tabla III, dado que en ésta el valor del punto se establece con un criterio sexualmente igualitario, al no existir otras variables que el número de puntos y la edad del lesionado.

Lo curioso del caso es que no hubiera debido escandalizar que el valor de la puntuación final hubiera quedado también condicionada por el sexo del lesionado, de modo que, atribuida la misma puntuación a las lesiones permanentes de un hombre y de una mujer con la misma edad, se adjudicara una mayor indemnización a la mujer, al menos en determinados casos y en atención a cierto tipo de secuelas. Es así frecuente que en las tablas de algunos Tribunales italianos, referentes a la reparación del daño biológico correspondiente a las lesiones permanentes (por ejemplo, en las del de Génova), se incluyan dos columnas por razón de sexo, para adjudicar cantidades diversas al mismo porcentaje de menoscabo permanente, pues el presupuesto científico de tales tablas incluye el dato de que la mujer vive más que el hombre y esto supone que el daño permanente de éste es de una duración menor que el de aquélla, justificándose así el trato diferenciado, para dar a cada uno lo suyo, sin un criterio igualitario, que no es el que resulta de la realidad biológica.

Con todo, la tosquedad y descuido con que está configurado el capítulo especial, tanto en lo que refiere a las reglas de su escala gradual (con la elefantiasis del grado superior que lleva virtualmente a desconocerlo), como en lo que atañe a la regla especial de su recuadro, se erigen en factores que dificultan su adecuado funcionamiento, debido a las confusiones que genera.

Tales confusiones pueden traducirse en la consideración del perjuicio estético bajo los auspicios del tradicional principio de la globalidad, desconociendo así que el capítulo especial sirve sólo para reparar el daño moral en que consiste el perjuicio estético, sin la inclusión de otros componentes.

Fruto de tales confusiones es la opinión de XIOL RÍOS, para quien, a pesar de figurar incluido en la tabla VI, el perjuicio estético no sólo se computa desde el punto de vista fisiológico, sino que la fijación de su puntuación se hace incluyendo también aspectos relevantes en cuanto al daño moral (edad y sexo), además del daño emergente (coste de intervenciones de cirugía plástica) y el lucro cesante (incidencia de la imagen para la profesión habitual), llegando así a la conclusión de que el Legislador ha insertado en dicha tabla aspectos que deberían haberse incluido dentro de los factores de corrección de la tabla IV (Daño patrimonial y moral..., p. 308; La estructura del daño corporal..., p. 6). Por mi parte, entiendo frente a tales apreciaciones que las exigencias derivadas del principio de vertebración al que se atiene el sistema conducen a una interpretación de signo bien distinto.

Por lo pronto, debe resaltarse que la dimensión fisiológica de las lesiones permanentes aparece contemplada en exclusiva en los capítulos ordinarios de la tabla VI, sin que se integre en absoluto en el capítulo especial. A su vez, este capítulo es el instrumento normativo con el que reparar en exclusiva los daños morales en que consiste el perjuicio estético, sin que se integren en él elementos de signo patrimonial.

En lo que refiere al coste de las intervenciones de cirugía reparadora, su mención en la regla especial del recuadro se pone al servicio de la idea de la compatibilidad, sin que pueda interpretarse en el sentido de que dicho coste se integre en la cantidad que resulta de aplicar el capítulo especial, al margen de la incidencia de la regla general 6ª del apartado primero del sistema. Se trata la indicada de una interpretación que contradice los propios postulados vertebradores del sistema, siendo absurdo que, integrado el coste de tales intervenciones en la indemnización básica por lesiones permanentes, funcione como base para aplicar después el factor de corrección por perjuicios económicos.

A su vez, el capítulo especial tampoco sirve para reparar el más mínimo lucro cesante, pues el resarcimiento de éste ha de producirse por completo al margen de la tabla VI; y el hecho de que deba ponderarse la incidencia del perjuicio estético en su imagen, en relación con su profesión habitual, no puede ser entendido como mecanismo de restauración de daño patrimonial alguno, sino como un factor a tener en cuenta para medir la intensidad del daño moral sufrido.

Sin que pueda afirmarse la estricta utilidad técnica de la regla especial del recuadro, en todo caso su virtualidad sirve para poner de manifiesto que la valoración del perjuicio estético, por su propia definición, no puede realizarse mediante el uso de unos cánones puramente objetivos, siendo necesario ponderar aquellas circunstancias personales (subjetivas) que permitan individualizarlo de forma acompasada.

Pero interesa volver sobre la inclusión del dato de la edad en la regla especial que estamos estudiando; y, a tal efecto, aprovecho las puntualizaciones sintéticamente realizadas por ASO ESCARIO y COBO PLANA en la revisión de su obra originaria (La valoración..., 2ª ed.).de con clara goma Zapatos Fu suela Kung wqxZHvICF

La edad constituye un parámetro para la valoración económica de cualquier lesión permanente, consistiendo en la duración estadísticamente calculada del perjuicio, por lo que cualquier lesión permanente (funcional y/o estética) del joven ha de ser valorada con mayor cantidad que la del anciano.

De ahí que la edad no pueda constituirse en un dato de utilización mecánica que sirva para potenciar (caso del lesionado de edad juvenil) o degradar (caso del lesionado de edad senil) la intensidad del perjuicios estético, porque la misma se computa después de haberse puntuado el perjuicio, en el trance de adjudicar el valor económico que le corresponda de acuerdo con la tabla III.

Atender a la edad, de forma genérica, para puntuar el perjuicio estético, supone incurrir, como ya hemos visto, en una duplicidad de signo aumentativo o reductivo, según que el lesionado tenga poca o mucha edad, pues se potencia la indemnización del niño, mientras que se debilita la del anciano.

de zapatos PDX tal mujer seda de Pero cuando la edad constituye un elemento que incide en sí, específicamente, en la importancia del perjuicio, para aumentarlo o disminuirlo, de forma distinta a la que resulta del cálculo estadístico de su duración, se constituye en parámetro que ha de ser utilizado para su efectiva medición y, por lo tanto, para realizar la adjudicación puntual. Por eso dicen los expresados autores que la edad, como parámetro valorativo del perjuicio estético, es susceptible de ponderación bajo dos enfoques diferentes, cuya confusión dificulta su utilización como criterio estrictamente valorativo (p. 319).

La edad, como mero parámetro temporal, expresivo de la calculada duración del perjuicio, no puede ser tenida en cuenta al aplicar el capítulo especial, sin que la regla que la prevé pueda referirse a ella en tal sentido.

Como apuntan los expresados autores, la ponderación de la edad, como parámetro inserto en dicha regla, refiere en exclusiva a una variación de signo cualitativo que, en su caso, puede producirse; y, en este sentido, señalan que el perjuicio estético puede manifestase en edades que determinan una vivencia especialmente comprometida (p. 319).

Es en tal caso cuando la edad ha de ser efectivamente objeto de consideración específica para fijar la importancia del perjuicio, sin tenerla en cuenta en absoluto como parámetro de duración. Por esa vía se comprende que la previsión tabular se refiera en exclusiva a los perjuicios constituidos por las situaciones especiales con deformidad o por cicatrices visibles importantes.

12.- La consideración de la regla explicativa como disciplinadora de una corrección aumentativa; o como remisión al arbitrio judicial, en los casos especiales

Al estudiar el sistema orientativo, GARCÍA BLÁZQUEZ y PÉREZ PINEDA hicieron una interpretación muy singular de la regla explicativa, pues venían a sostener que sus conceptos operaban como factores de corrección aumentativa de una puntuación ordinaria o puramente básica (Manual de valoración..., p. 256). De esta forma, entendían que, si el perjuicio estético tenía repercusión profesional, debían multiplicarse los valores básicos por 1'2, 1'6 ó 2, según que la incidencia fuera escasa, mediana o importante; que, cuando el sexo repercutía en el alcance del perjuicio, debía multiplicarse los valores básicos por 1,5; que, cuando el lesionado fuera un niño o un joven, debía doblarse la puntuación básica; y que también debía doblarse cuando generara un complejo evidente o demostrable.

En mi concepto, tales estimaciones configuraban una propuesta de valoración que era de recibo cuando se trataba de aplicar el sistema orientativo, debido precisamente a que su carácter permitía las ponderaciones extramuros, pero en el entendimiento de que la aplicación de tales criterios suponía, en cierto modo, desencajar el sistema, utilizándolo sólo como parcial referencia. Se trataba, además, de estimaciones acogibles, por el grave defecto de diseño en que incurría el sistema orientativo, al desconocer la valoración autónoma de las consecuencias extrapatrimoniales de los impedimentos permanentes de actividad; siendo defecto corregido en el sistema vinculante, aunque con poca claridad y poco esplendor semántico, al introducirse sin el adecuado rigor la disciplina del factor de corrección por incapacidad permanente.

Convertido el sistema en vinculante, la regla explicativa, del mismo tenor que la del orientativo, ya no puede interpretarse libremente, para convertirla en una norma de corrección aumentativa. Por ello considero que los factores de especial ponderación sólo van referidos a un perjuicio estético que sea, por lo menos, importante (aunque no se entienda realmente tal limitación) y que su operatividad no puede consistir en rebasar la puntuación que corresponda al grado en que se inserte. Asignada a un perjuicio estético importante una puntuación de entre 11 y 14, la ponderación de esos factores puede llevar a la puntuación máxima de 14, pero no cabe atribuirle una puntuación asignada a un perjuicio muy importante o considerable, salvo que se califique el perjuicio como tal, a virtud de esa misma ponderación.

Pero FERNÁNDEZ ENTRALGO encaró la regla de las situaciones especiales con diversa inteligencia. Su interpretación suponía, de un lado, negar que fuera una mera regla explicativa proyectada parcialmente sobre los ábacos de mayor severidad deficitaria; y suponía, de otro, negar que conformara la previsión de unos factores de corrección aumentativa. En su concepto, el sistema (orientativo) diferenciaba los "casos ordinarios" y los "casos excepcionales" (en el sentido de “extraordinarios”); la idea era que, mientras los primeros quedaban sujetos al baremo, a través de los conceptos tabulares, los segundos, en atención a su singular importancia, quedaban sujetos al arbitrio judicial, de acuerdo con las pautas de una ponderación in concreto (Los pucheros..., p. 316). De esta forma, el arbitrio judicial debía operar siempre que el perjuicio fuera considerable, explicándose que se le adjudicara una puntuación mínima de 21, sin consignarse un tope máximo.

Referidas estas reflexiones al capítulo especial del sistema orientativo, el mantenimiento de la regla singular en el vinculante le ha llevado a verla como expresiva de las confusión de sus propios redactores, resaltando que los parámetros de valoración que proporciona deberían aplicarse a todos los casos o a ninguno, pues no hay razón justificativa de su exclusiva proyección sobre los últimos grados del perjuicio ponderado (Valoración..., pp. 316-317).

13.- El papel excluidor o aditivo del costo de la cirugía correctora

Otro de los problemas que genera la aplicación de este capítulo viene determinado por el inciso final de la específica regla explicativa, a cuyo tenor ha de valorarse "también" el coste de las necesarias intervenciones de cirugía plástica reparadora. La utilización del adverbio arguye, en principio, la idea de que es perfectamente compatible la indemnización básica que resulta de la puntuación obtenida por la aplicación de este capítulo especial y el coste de las intervenciones realizadas para la corrección del perjuicio estético.

Salvo que esas intervenciones se produzcan de forma inmediata, con ocasión del tratamiento curativo del lesionado (no ligado naturalmente a una corrección estética, sino a la estricta curación), entiendo que si, obtenida la sanidad, restan secuelas de sentido estético, ha de efectuarse su valoración con atribución de los puntos procedentes para determinar una indemnización básica que es compatible con el coste de las intervenciones de cirugía plástica reparadora, sin que la previsión o práctica de esta intervención haya de suponer la anulación o negativa de aquélla, aunque se trate de un perjuicio estético que, a la postre, ha tenido un carácter temporal.

Estimo, en definitiva, que, de acuerdo con la previsión del capítulo, el resarcimiento por el perjuicio estético se produce una vez que éste persiste después de haber alcanzado el lesionado su curación, con independencia de que la secuela antiestética sea susceptible o no de reparación quirúrgica, en el entendimiento de que, cuando la corrección se produce, haciendo desaparecer (o atenuando) la secuela, hay una restauración económica de ese perjuicio temporal, compatible con la ponderación del coste de la intervención correctora.

Si no fuera así, quedaría sin restaurar el daño sufrido durante la larga etapa que normalmente ha de transcurrir entre la producción del accidente y el momento de la intervención quirúrgica, con las incertidumbres que ésta siempre suele comportar; cuestión ésta que plantea CRIADO RÍO cuando se pregunta si, reparado ya el daño estético, debe repararse el que se originó hasta que tuvo lugar la corrección (Ley 30/95... Comentarios..., p. 18); y afirma, de un lado, que la permanencia de la alteración estética se produce con la consolidación médico legal de las lesiones, fijándose entonces como definitiva, aunque sea susceptible de corrección mediante cirugía reparadora; y, de otro, que la indemnización por el perjuicio estético es perfectamente compatible con la valoración de las intervenciones quirúrgicas necesarias para corregirlo, con independencia de que el lesionado acuda o no a ellas (Valoración..., 1999, pp. 477-478).

Otra cosa es que, al valorarse la secuela estética, deba ponderarse la susceptibilidad o no de corrección, para atribuir mayor puntuación a la incorregible y, por tanto, necesariamente permanente.

La interpretación que propongo es, desde luego, discutible; y, frente a ella, MESONERO GIMENO entiende que "si la cirugía reparadora hace desaparecer la secuela, no se podrá abonar la intervención quirúrgica e indemnizar por una secuela ya inexistente" (La valoración..., p. 264). Para este autor, por tanto, dada una secuela estética redimible, se valora con la correspondiente puntuación o en el importe del presupuesto de la intervención quirúrgica a practicar, sin que quepa lo que él considera una injustificada duplicidad resarcitoria.

En cambio, IGLESIAS REDONDO parece sostener la compatibilidad resarcitoria, pues señala que la reparación in natura no puede sustituir en ningún caso la compensación del perjuicio estético actual, según deduce también del adverbio utilizado en la regla del capítulo especial, aunque matiza su postura resaltando que en toda la materia de la valoración del daño corporal rige el deber de mitigar las consecuencias perjudiciales mediante el sometimiento de la víctima a las intervenciones quirúrgicas precisas, de modo que su negativa se traduce en una disminución de la indemnización en proporción a la agravación atribuida a ella, salvo que se encuentre justificada (Algunas reflexiones..., pp. 994, 995 y 987).

El problema de la compatibilidad de que tratamos se ha de resolver atendiendo a la dialéctica que impone el mandato de la reparación íntegra, que se traduce en una doble prohibición: la del exceso (enriquecimiento injustificado del perjudicado con el correlativo empobrecimiento injustificado del causante) y la del defecto (empobrecimiento injustificado del perjudicado con el correlativo enriquecimiento pasivo injustificado del causante), siendo claro que, en todo caso, estamos ante una materia en que ha de jugar de forma motivada el arbitrio judicial, a través de la específica circunstancialidad de cada caso.

ZAVALA de GONZÁLEZ ha abordado esta cuestión, resaltando que el tratamiento del perjuicio estético debe ser diverso, según que sea reversible o no y estima ser improcedente resarcir como permanente una lesión estética corregible, pero que queda sin corregir porque el afectado declina someterse a la correspondiente intervención (Integridad sicofísica, pp. 189 y 208). Destaca en este sentido que el sujeto lesionado no puede verse constreñido a tal intervención, pues su decisión pertenece al ámbito de un derecho personalísimo relativo a la disposición de su propio cuerpo, pero señala que, en tal caso, el causante del daño no puede verse obligado a resarcir como definitivo un perjuicio estético subsanable (p. 189).

Pero si tenemos en cuenta que tal tesis no niega la procedencia del resarcimiento, sino su resarcimiento como lesión permanente, es claro que la solución se halla en la idea ya apuntada de que la resarcibilidad de la lesión estética ha de ponderarse para atribuir mayor puntuación a la que es incorregible. En todo caso, si se considera que, cuando el perjuicio estético desaparece o resulta mitigado a virtud de la cirugía reparadora, no procede atribuirle ya puntuación alguna en el primer caso, atemperándola en el segundo, no debe olvidarse la necesidad de resarcir los que ZAVALA de GONZÁLEZ denomina "perjuicios intermedios", que corresponden al período transcurrido entre la manifestación del perjuicio y su definitiva eliminación (p. 209), utilizando al efecto las pautas con que debe encararse el resarcimiento de las secuelas temporales. Señala en este sentido XIOL RÍOS que el daño moral correspondiente al “período de transición” no puede despreciarse (La valoración... estético, p. 15).

Por otra parte, la señalada autora resalta que, practicada la intervención quirúrgica, debe ponderarse de forma específica el daño moral que ésta comporta, en atención a la angustia, dolores y molestias que fluyen alrededor de cualquier intervención por sencilla que sea (p. 209). Según hemos visto al estudiar el resarcimiento de las lesiones temporales, el daño moral ligado a cualquier intervención quirúrgica constituye un rubro nocivo que ha de dar lugar a la correspondiente partida indemnizatoria; apareciendo configurada en el sistema como una circunstancia extratabular que, en cuanto circunstancia excepcional (atípica), ha de ponderarse a virtud del mandato contenido en la norma del inciso segundo de la regla general 7ª.

Hechas las anteriores consideraciones con las que analizo las alternativas existentes respecto a la posibilidad de que el resarcimiento del perjuicio estético sea compatible o no con el abono del coste de las intervenciones quirúrgicas reparadoras, debe registrarse la singular interpretación que hace XIOL RÍOS respecto a la incidencia de dicho coste.

Parte este autor de la base de que el alcance del perjuicio estético debe expresarse mediante una puntuación final que, en su concepto, pudiendo llegar a la cifra 100, se ha de adicionar a la puntuación final del perjuicio fisiológico, para así, utilizada la tabla III, obtener la indemnización básica de las lesiones permanentes. Pero, sobre estas bases, sostiene que el coste de las operaciones se ha de ponderar dentro del capítulo especial y por ello entiende que ha de traducirse en la expresión de una concreta puntuación, mediante una operación de conversión de signo invertido, pues no se trata de convertir los puntos en pesetas, sino las pesetas en puntos; y estos puntos deben añadirse a los otros puntos ponderados, obteniéndose así la puntuación final del perjuicio estético. (Daño patrimonial y daño moral..., p. 308; La estructura del daño corporal..., p. 6). De esta forma, el coste de la intervención de cirugía plástica funciona, no como una partida autónoma de daño patrimonial, sino como una especie de factor de corrección con el que determinar el alcance del perjuicio estético.

Se trata, en mi concepto, de una interpretación que no es de recibo, sin que tenga el más mínimo sentido que el coste de las intervenciones de cirugía plástica haya de convertirse en unos puntos, para integrarse, en definitiva, como un componente de la indemnización básica que resulte de aplicar los baremos de la tabla VI, pues dicho coste corresponde a un estricto perjuicio patrimonial que ha de resarcirse separadamente de acuerdo con la regla general 6ª del apartado primero del sistema; y ello sin perjuicio de la incidencia que la previsión o realización de tales intervenciones tengan en la calificación del perjuicio estético. Debe desecharse, pues, esta teoría de la doble conversión, consistente, primero, en convertir en puntos las pesetas (el coste de la intervención quirúrgica) y en convertir, después, en pesetas los puntos obtenidos por la adición de aquéllos a los fijados por el grado del perjuicio.

En todo caso, XIOL se hace eco de la real posibilidad de que el costo de la intervención quirúrgica no haya sido ponderado ni para integrarlo en el capítulo especial ni para conformar una partida resarcitoria autónoma, y, sobre esta base, señala que “nada impide que la operación sobrevenida se considere como un daño emergente” (sobrevenido) y que, por tanto, se reclame su importe posteriormente, si bien puntualiza que, para la fijación del monto indemnizatorio, debe tenerse en cuenta, de un lado, la indemnización percibida previamente por el perjuicio estético y, de otro, el grado en que éste haya desaparecido (La valoración... estético, p. 15).

14.- El efecto dislocador de la valoración del perjuicio estético. El riesgo de las confusiones contrarias al principio de vertebración

Señalado ya que la ponderación del perjuicio estético está sometida a un principio de indiscriminación sexual (aparentemente desmentido por la específica regla del recuadro) y también que, cuando es “considerable”, rige un criterio de aestimatio sine limite, al menos en la pura expresión literal de la regla, procede rematar el estudio del capítulo especial con unas consideraciones referentes al significado económico de las cantidades obtenidas.

Cualquiera que sea la fórmula que se adopte, la valoración económica del perjuicio estético sirve para integrar la indemnización básica por lesiones permanentes. Sentado ello, debe tenerse en cuenta que sobre dicha indemnización se proyecta, en su caso, el porcentaje de aumento correspondiente al factor correctivo por perjuicios económicos.

Ello da lugar a que cualquier perjudicado con edad laboral obtenga un incremento de indemnización por el capítulo de perjuicios económicos, tomándose la indemnización básica, determinada en parte por el valor económico del perjuicio estético, como base sobre la que aplicar el porcentaje aumentativo del factor.

Se produce así el fenómeno que puede denominarse como la ponderación del relativo valor superior de la fealdad del rico, pues, en definitiva, el valor económico del perjuicio estético termina por ser mayor a medida que es mayor el nivel de los ingresos económicos del lesionado.

CRIADO RÍO dice que la repercusión fisiológica (funcional), social y laboral del daño estético, así como el sufrimiento moral que conlleva, son consecuencias a ponderar extramuros de su estricta valoración (Valoración médico legal..., p. 262). Contrastando tal distingo con la configuración del sistema legal, es evidente que el menoscabo funcional que constituye el sustrato del perjuicio estético es ponderado mediante la reconducción de la secuela al código que corresponda -si es que procede, por su propia consistencia- en cualquiera de los capítulos ordinarios de la tabla VI. A su vez, puede entenderse que la repercusión social ha de ser ponderada al efectuar la puntuación que resulte del capítulo especial, en atención al recuadro de su regla explicativa, al menos cuando el daño estético es importante. En lo que concierne a la repercusión laboral, si produce un efecto invalidante reconducible al concepto de lucro cesante, su resarcimiento tiene lugar, en principio, a través de su tasación abstracta mediante la disciplina del factor de corrección por perjuicios económicos, en el entendimiento de que, en mi concepto, cabe la reparación plenaria a través de la prueba del valor superior; e incluso puede afirmarse la plena compatibilidad del factor con el resarcimiento del lucro cesante probado, siendo éste el criterio que me parece más acompasado a la estructuración del sistema.

Por eso debe aquilatarse la idea de que, en la medida en que el factor de corrección de la incapacidad permanente se entienda concebido para reparar en exclusiva, o fundamentalmente, las consecuencias extrapatrimoniales de los impedimentos de actividad, es difícil que sea utilizable tal factor para proporcionar un complemento indemnizatorio por el perjuicio estético, porque su significación personal, familiar y social ya ha sido ponderado al establecerse la puntuación que corresponde por la aplicación del capítulo especial con el que se integra la indemnización básica por las lesiones permanentes; aunque no es descartable que quede cercenada alguna actividad (productiva o extraproductiva) que desencadenaría el juego del factor. Así lo entienden ASO ESCARIO y COBO PLANA cuando afirman que cualquier efecto del perjuicio estético sobre la esfera laboral o sobre las ocupaciones habituales de la persona lesionada debe reconducirse al ámbito del expresado factor (Valoración..., 2ª ed., pp. 317, 319, 331).

Por otra parte, la profesora CRIADO se hace eco de que el sistema (se refiere al orientativo, pero sus afirmaciones valen para el vinculante, por coincidir en este extremo), de acuerdo con el recuadro de la regla explicativa, toma como elemento a considerar la repercusión que tiene sobre la actividad profesional del lesionado; y censura este criterio diciendo que, en su concepto, esa repercusión corresponde a un daño patrimonial, cuya ponderación debe ser ajena a la valoración intrínseca del perjuicio estético (pp. 263 y 269).

Es correcta su puntualización doctrinal, pero no su crítica, pues el recuadro del capítulo especial ordena que, al ponderarse el perjuicio estético del lesionado, se tenga en cuenta "la incidencia en su imagen para la profesión habitual", con lo que se trata de una estimación de carácter extrapatrimonial, referida a una alteración que genere molestias, angustias y sufrimientos con ocasión del desempeño de la actividad profesional, pero sin que se considere, como tal, el daño patrimonial que puede suponer la dislocación morfológica.

También ALONSO SANTOS ha criticado la regla del recuadro del capítulo especial, al ordenar que se pondere la incidencia que la alteración de la imagen tenga sobre la profesión habitual del lesionado, señalando que tan previsión invita al perito a salirse del campo de su actuación médica y sumergirse en las consecuencias económicas del perjuicio estético, con el efecto de que puede producirse un solapamiento valorativo, al entrar también en juego el factor corrector de la incapacidad permanente (Interpretación práctica..., p. 153); opinión que es también la de FERNÁNDEZ ENTRALGO cuando dice que esta previsión supone un paso de la perspectiva personal del menoscabo a la de su repercusión en la capacidad de ganancia (Valoración..., p. 317).

Con todo, nos movemos en un terreno de sutiles fronteras, pues efectivamente la alteración estética puede producir, con más o menos intensidad, perjuicios de índole patrimonial (falta de promoción, por ejemplo; cambio de puesto de trabajo, dejando de proyectarse ante el público), para el que, en principio, no hay previsto un específico factor de corrección, salvo que el menoscabo se reconduzca a una incapacidad permanente, con un alcance parcial al menos, aunque ya he apuntado que, en mi concepto, este factor sirve para socorrer las consecuencias extrapatrimoniales de los diversos impedimentos permanentes de actividad, aunque, quizá, puede incluir en él el daño moral impropio, como daño patrimonial indirecto.

Por otra parte, CRIADO RÍO se hace eco de que hay alteraciones morfológicas que no producen daño alguno de índole estética (cicatriz oculta por cuero cabelludo o en el pie), apuntando así que no debe ser objeto de ponderación puntual, ni, por lo tanto, de resarcimiento (p. 263). A su vez, dice que el perjuicio estético puede ser estático o dinámico, refiriendo el primero a las cicatrices y a las deformidades en general, y el segundo a la deambulación o a las alteraciones de la mímica, e incluso, de los gestos (p. 265); criterio al que me he adscrito sin reservas, según hemos visto.

La distinción es importante, pues sirve para hacer frente a la tendencia que se tiene a valorar como perjuicio estético el primero y algunas manifestaciones, pero no todas, del segundo. En este sentido, debe resaltarse que las deficiencias funcionales que afecten a cualquiera de las extremidades inferiores, cuando impidan por completo la imagen de una deambulación normal (perjuicio cinético), constituyen un daño que es funcional y estético al mismo tiempo, ponderable en su doble dimensión mediante la fijación de la puntuación que corresponda por su inserción en el código de un capítulo ordinario (en este caso, el 4) y en el capítulo especial, sin que haya de entenderse que hay solapamiento valorativo de una misma secuela, sino que se está ante una secuela que se descompone en una dualidad valorativa determinante de su resarcimiento correcto, habida cuenta que la ponderación de los puntos de los capítulos ordinarios no tiene en cuenta en absoluto el perjuicio estético, sino exclusivamente el daño biológico que, a su vez, lo genera.

Frente al criterio expresado, MESONERO GIMENO, entiende, según hemos visto, que "secuelas comprendidas y puntuadas como perjuicio estético son aquéllas que, siendo estéticamente perjudiciales, no han tenido una valoración propia en el resto de los capítulos, no pudiendo ser puntuada una misma secuela o conjunto de ellas por más de un capítulo" (La valoración..., p. 264); criterio restrictivo que no comparto, pues supone afirmar, contra los propios fundamentos científicos del sistema, que el perjuicio estético de las secuelas funcionales ha sido ponderado en las puntuaciones que recogen los códigos de los capítulos ordinarios.

15.- La pericia médica del perjuicio estético

LÓPEZ DE LAMELA VELASCO estima dudoso que el perito médico haya de valorar el perjuicio estético, pues él no es un experto en "belleza" corporal, aunque sí le corresponde precisar las circunstancias que lo determinan (Perspectiva..., p. 133). A su vez, BOROBIA FERNÁNDEZ dice que el perito médico describe las alteraciones estéticas sufridas por el lesionado, pero que el saber médico no permite determinar el grado del perjuicio (Aspectos médico-legales..., p. 95). De forma similar, el magistrado Max Le ROY afirma que la valoración del perjuicio estético no pertenece al orden médico, sin que los jueces puedan delegar en esta materia sus poderes (L'évaluation..., 14ª ed., p. 77).

Frente a los criterios anteriores, CRIADO RÍO reputa obvio que el perito médico debe cualificar y cuantificar el perjuicio estético (de seda mujer tal de zapatos PDX Valoración..., 1999, p. 475). Cuestionada la competencia del perito médico en orden a la calificación (medición de grado) del perjuicio estético, SÁ se hace eco de que, según ROUSSEAU y FOURNIER, hay una razón fundamental para que el perito médico dictamine sobre él, porque, en principio, sólo él reconoce directamente al lesionado, existiendo con frecuencia secuelas estéticas que se encuentran en zonas habitualmente ocultas; y ello siempre sobre la base de que, cualquiera que sea el sentido del dictamen pericial sobre el perjuicio estético, es el juez, en definitiva, el que lo juzga (Clínica..., p. 155).

Se plantea así la cuestión de si el informe pericial debe contener la ponderación del perjuicio estético, con vistas a su definitiva valoración judicial. La dificultad estriba en que se trata de objetivar un daño que, de suyo, es de apreciación eminentemente subjetiva, pues sus componentes trascienden lo biológico. Se dice así que la calificación del perjuicio estético está afectada por una triple subjetividad: la del lesionado (su propia vivencia), la del perito médico, que lo objetiva sin dejarlo de personalizar, y la del juez que, en definitiva, lo valora.

En mi concepto, es cierto que la cuestión del perjuicio estético cuenta con presupuestos de apreciación personal y social que trascienden estrictamente de la ciencia médica, pero, no obstante, entiendo que el médico, por sus específicos conocimientos, debe completar su informe pericial con la descripción de las deficiencias permanentes que supongan repercusión de carácter estético, pero debe comprometer también una estimación de la intensidad de este perjuicio, de acuerdo con el capítulo especial; en el entendimiento de que debe hacer expresa referencia a los elementos considerados, precisamente al objeto de poder verificar la corrección de la propuesta de grado que haya realizado. El informe médico debe incluir, pues, una descripción detallada de los elementos que conforman el perjuicio estético y debe rematarse con una calificación detallada, con expresión de su concreto grado.

En todo caso, hay una neta diferencia en lo que refiere a la valoración judicial del daño fisiológico y del daño estético, pues precisamente, por su estricta base médica, la propuesta pericial sobre el primero, aunque no sea vinculante, debe, en principio, ser atendida por el juez, salvo que cuente con motivos razonables y razonados para disentir de ella; y, en cambio, la ponderación del perjuicio estético se presta de suyo a que el juez opere con un mayor arbitrio, precisamente por no contar la propuesta pericial con una base de estricto (exclusivo) rigor científico, siendo ésa la razón por la que se integra en un capítulo especial separado de los capítulos ordinarios referentes al perjuicio sicofísico.

Sentado que el perito médico debe comprometer motivadamente su criterio sobre la existencia y alcance del perjuicio estético, tiene razón MARTÍNEZ-PEREDA cuando, siguiendo a Le ROY, dice que el problema de este perjuicio no es (estrictamente) médico y que los jueces no han delegado al respecto sus poderes de apreciación, de modo que deben ponderarlo por sí mismos, mediante el examen directo del lesionado (La cirugía estética..., p. 489). Con razón dice VICENTE DOMINGO que, frente a las otras consecuencias extrapatrimoniales del daño corporal, valoradas como pretium doloris, el daño estético presenta la ventaja de que el juzgador puede apreciarlo directamente (Los daños corporales..., p. 296); aunque en la práctica no sucede siempre así, pues hay daños que el juez no puede contemplar de visu y, a su vez, la dimensión dinámica del perjuicio estético puede no apreciarse de forma cumplida en el propio juicio.

Como queda dicho, el perjuicio estético es triplemente subjetivo, pues hay la apreciación subjetiva de quien lo sufre, hay la apreciación subjetiva del médico que lo perita y hay la del juez que lo juzga; pero ofrece la ventaja de que el lego en Medicina, accediendo a su simple contemplación, puede, en principio, ponderarlo.

Haciéndose eco de los criterios de nuestra mejor doctrina, FERNÁNDEZ ENTRALGO señala que el perito ha de atenerse al método descriptivo, detallando las características de las secuelas, su repercusión negativa en los gestos y movimientos del lesionado, su localización (visibilidad) y las circunstancias personales de la víctima, con determinación no sólo de su sexo y edad, sino también de su entorno social y actividades, pues estos últimos datos permiten conocer la percepción del deterioro estético por los demás y, en consecuencia, la relevancia de su alcance efectivo (Valoración..., p. 38). Pero advierte con acierto que la valoración de este perjuicio es independiente de su repercusión sobre la realización de determinadas actividades (con posible disminución de las ganancias esperables), pues esta dimensión económica corresponde a un apartado diferente (p. 38 y 31).

A su vez, ASO ESCARIO y COBO PLANA se atienen al criterio de que los peritos médicos han de proponer una concreta puntuación para la valoración del eje estético de las secuelas, aunque apuntan que, efectuada la valoración médica, deben ponderarse al margen de ella aquellos factores que repercutan en la significación de dicho eje (Valoración..., 1ª ed., p. 287), con lo que parecen insinuar que, sin salirse del capítulo especial, hay que distinguir entre una estricta valoración médica del perjuicio estético y una valoración personal del mismo, dotada de un mayor alcance significativo. Se trata de una discriminación que es de perfecto recibo, teniendo su raíz en la intrínseca subjetividad de este perjuicio, aunque debe advertirse que escapa a la ponderación que impone tal capítulo el efecto impeditivo que, en su caso, conlleve.

Los expresados autores parten de la base de que el perjuicio estético no puede quedar sustraído a la estimación del perito médico, porque su sustrato físico pertenece al área del saber médico (información médica) y porque la relación médico-enfermo genera, de suyo, la obtención de una serie de datos que, relacionados con ese sustrato (información paramédica), es imprescindible para valorarlo, de modo que la pericia médica constituye un instrumento idóneo para garantizar la corrección de dicha valoración (El perjuicio estético..., p. 4; Valoración..., 2ª ed., pp. 322-323).

Consideran que puede diseñarse perfectamente una escala normalizada con que medir la intensidad del perjuicio estético; y, a tal efecto, acuden, a partir de la identificación del defecto, a tres parámetros constituidos por la “tendencia de la mirada” (la atención) del espectador, por el “recuerdo” que en él provoca la contemplación del defecto y por la “respuesta emocional” que sigue a tal contemplación (El perjuicio estético..., p. 10; Valoración..., 2ª ed., pp. 326-328).

Con el manejo de tales parámetros, se atienen a los grados del capítulo especial, partiendo de un grado atípico, que corresponde a un perjuicio estético tan nimio que no debe ser objeto de valoración, siendo un perjuicio “muy ligero” que, a pesar de la mirada, se identifica con dificultad; califican como perjuicio “ligero” aquél que se identifica cuando se mira a la persona, sin que provoque la desviación de la mirada, pero sin que ésta quede fijada en el defecto, de modo que se cambia con naturalidad y rapidez el foco de atención, sin que se inserte en él recuerdo de la imagen de la persona; califican como perjuicio “moderado” aquél en el que el defecto se identifica con claridad, sin que provoque el cambio de mirada, pero con tendencia a que ésta quede fija en el aspecto exterior alterado, pero sin que forme parte del recuerdo esencial de la imagen de la persona, aunque se retiene si tiene que describirse, si bien no provoca emoción alguna ni reacción o sentimiento de desagrado, compasión o repugnancia; califican como “medio” aquel en el que el defecto produce un cambio de la mirada, aunque se tiende a volverla con facilidad para observarlo directamente, insertándose la imagen de la alteración externa del cuerpo en el recuerdo de la persona, aunque no provoca ninguna emoción, reacción o sentimiento de desagrado, compasión o repugnancia; para calificar de perjuicio “importante”, aquél que provoca la fijación de la mirada en el defecto, se inserta en el recuerdo de la imagen de la persona, protagonizándolo como parte esencial de la misma y genera reacciones emocionales o sentimientos, aunque sin especial intensidad y sin que condicionen expresamente ninguna alteración de la relación entre la persona y el defecto apreciado; califican como “muy importante” aquel defecto que provoca la fijación de la mirada, sin que se tienda a dejar de mirarlo, pero induce emociones o sentimientos intensos de tipo desagradable o compasivo, generando un nivel de emociones que llega a afectar marginalmente la relación entre la persona contemplada y las personas de su entorno; y califican finalmente como “considerable” aquel defecto que provoca la tendencia a dejar de mirarlo, porque los sentimientos o las reacciones emocionales que despierta son intensos, bien por desagrado, compasión o repugnancia, provocando un nivel de emociones en la persona que puede llegar a afectar intensamente la relación entre ella y las personas de su entorno (El perjuicio estético, pp. 10-11; Valoración..., 2ª ed., pp. 327-329).

Correctamente escrupulosos con la diferenciación de lo que constituye quehacer médico-pericial y quehacer jurídico, los expresados autores señalan que el perito médico debe ofrecer la valoración en puntos que corresponda a las diversas secuelas apreciadas y que, en lo que refiere al perjuicio estético, no debe entrar en las ulteriores operaciones necesarias para traducir los puntos en pesetas, de modo que, en concreto, debe abstenerse de pronunciarse sobre si la suma de los puntos del perjuicio psicofísico y del perjuicio estético puede sobrepasar la cifra 100, aunque apuntan que hay factores que sirven para justificar el rebasamiento; y, en este sentido, señalan que no es lo mismo una tetraplejia con una tonicidad estéticamente aceptable, que una con una grave distonía muscular, de carácter inarmónico, que convierte al lesionado en una persona cuya imagen se soporte con dificultad (Valoración..., 2ª ed., pp. 317-318).

16.- El lucro cesante causado por el perjuicio estético. El valor de las oportunidades perdidas

Según puntualiza ZAVALA de GONZÁLEZ, la relación de la actividad productiva del lesionado con su perjuicio estético permite distinguir tres supuestos: aquéllos en que la regularidad corporal es instrumento necesario para el desenvolvimiento de la actividad profesional (modelos, actores, bailarines, azafatas, presentadores de televisión); aquéllos en que es útil y altamente conveniente (profesiones de impacto social: viajantes y agentes); y aquéllos en que es fundamentalmente irrelevante (Integridad sicofísica, p. 210).

Situada en el terreno de tales supuestos, la sentencia de la Audiencia de Sevilla, Sección 1ª, de 19 de octubre de 1993 (Ilmo. Sr. Carmona Ruano, Ar. pen., BD, 1998/535) se hizo eco de que un defecto estético en la boca (desviación de la mandíbula superior, apreciable al abrir la boca) no es en absoluto inocuo para una joven profesora de EGB.

Cuando la lesión estética determina la pérdida de la profesión que se desempeña, es evidente que se produce un lucro cesante que debe ser objeto del adecuado resarcimiento. Tal resarcimiento ha de producirse con independencia de la suma que por el perjuicio estético se integra en la indemnización básica, habida cuenta que ésta sirve sólo para reparar el daño biológico en que consisten las lesiones permanentes, con el daño moral ordinario inherente a él, y uniéndose el valor del daño moral ligado de forma específica al perjuicio estético. Así las cosas, el problema es si el lucro cesante causado por la lesión antiestética se resarce a través de la tasación abstracta en que consiste el factor de corrección por perjuicios económicos.

En la medida en que se entienda que tal factor sirve efectivamente para reparar sólo un perjuicio patrimonial básico, al que no es reconducible el lucro cesante, la reparación de éste se ha de afirmar en un régimen de completa compatibilidad. Pero, si se entiende que el factor sirve para reparar el lucro cesante, sólo puede rebasarse la suma que resulte de su aplicación mediante la prueba del valor superior.

En todo caso, hay también el problema de si el efecto improductivo que produce el perjuicio estético es reconducible al factor de corrección de la incapacidad permanente, pero, en la medida en que entendemos que este factor sirve sólo para reparar el daño moral causado por los impedimentos permanentes de actividad, debe concluirse que el resarcimiento del perjuicio económico ligado a la lesión antiestética se ha de producir al margen de dicho factor, con el juego supletorio de la norma del inciso segundo de la regla general 7ª.

Precisamente porque considero que el factor corrector de la incapacidad permanente sirve en exclusiva para reparar el daño moral (especial o extraordinario) ligado a los impedimentos permanentes de las actividades del individuo, es por lo que considero que los efectos impeditivos del perjuicio estético se han de insertar al margen del capítulo especial, para encajar en el supuesto de hecho del señalado factor; tesis interpretativa que postula también XIOL RÍOS (La valoración... estético, p. 25).

17.- El perjuicio estético como posible componente de los daños morales complementarios

Entiendo que una concurrencia de secuelas valorada en más de 90 puntos desencadena la aplicación del factor, aunque la puntuación se haya alcanzado por la incidencia complementaria del perjuicio estético. Por eso es mal ejemplo el que pone XIOL QUINGLES con la indicación de que una paraplejia valorada con 75 puntos queda sustraída a la incidencia de este factor (Análisis... permanentes, p. 17), porque es inconcebible que una paraplejia conlleve un perjuicio estético ponderado con menos de 20 puntos.

No hay razón legal que permita entender que la valoración del perjuicio estético ha de ser desconsiderada, a los efectos de apreciar la existencia de estos daños morales complementarios. Aquí sí que entra en juego de forma literal la regla de la suma aritmética de los puntos atribuidos al perjuicio funcional y al perjuicio estético.

Frente a este criterio, MESONERO GIMENO afirma que debe prescindirse de la puntuación de tal perjuicio y basa su opinión en que el texto legal habla de secuelas "concurrentes", sin que lo sean las estéticas, por lo que, al no aplicarse la regla concursal, no hay términos hábiles para que el daño estético entre en el cálculo ponderativo que integra el supuesto de hecho de la regla que estudiamos (La valoración..., p. 269; Consulta, pp. 10-11).

Tal argumento queda desmentido desde el momento en que el perjuicio estético se enmarca en el amplio y equívoco (impropio) concepto de "incapacidades concurrentes" en la correspondiente regla explicativa, siendo incontestable que incluye el concepto de "secuelas" de la tabla VI y que, naturalmente, la regulación del factor refiere a ellas, sin discriminación alguna.

En todo caso, el criterio de MESONERO no puede ser desechado de forma radical. Para su concepto, aunque sin una estricta base legal, los daños morales complementarios se producen sólo en relación con el menoscabo funcional de la persona, a partir de un alto grado, que queda expresado a través de los 90 puntos de las secuelas concurrentes; y la razón por la que entiende que el perjuicio estético no debe computarse para la aplicación del factor se halla, según viene a decir, en la naturaleza diversa de dicho perjuicio en relación con el funcional; y por ello estima que la referencia que contiene al perjuicio estético la regla explicativa de las "incapacidades concurrentes" integra en realidad un apartado independiente aunque no ha sido dotado del correspondiente título (Consulta, p. 10).

Con tal perspectiva cuadraría perfectamente la consideración de que la suma aritmética a que refiere la correspondiente regla explicativa no corresponde a la suma de los puntos atribuidos a las secuelas funcionales concurrentes y los del perjuicio estético, sino a la suma de las cantidades asignadas a tales puntuaciones; y si fuera así, tal como he apuntado como interpretación plausible, cobraría más sentido la tesis que critico.

En todo caso, la interpretación apuntada respecto del sistema de suma de puntuaciones no tiene un estricto apoyo en la dicción literal de la regla explicativa del sistema y lo mismo acontece con la tesis de MESONERO en cuanto a excluir el perjuicio estético de los puntos que pueden integrar el supuesto de hecho del factor de corrección por daños morales complementarios, de tal manera que, en definitiva, las dudas interpretativas que se suscitan han de resolverse con un criterio pro victima, con lo que se desecharía una interpretación y otra.

Se trata de una conclusión que resulta avalada por la propia consistencia del perjuicio estético, como concepto que sirve para compensar en exclusiva el daño moral que comporta, con abstracción del daño biológico en que consiste primariamente el perjuicio funcional.

XIOL RÍOS opina que, de aceptarse la tesis de que la regla de la suma aritmética de los puntos del perjuicio sicofísico y del estético debe interpretarse en el sentido de que no han de sumarse los puntos, sino las cantidades que resultan de un cálculo separado, al aplicar separadamente la escala legal, no cabe coherentemente que se acuda a la suma de las puntuaciones para aplicar, en su caso, el factor de los daños morales complementarios, diciendo que, por razón del perjuicio estético, sólo podrán computarse daños morales complementarios si su intensidad permite alcanzar los 75 puntos (La valoración... estético, p. 24).

Pero no da una explicación satisfactoria con la que justificar esa vinculación, pues puede sostenerse perfectamente la tesis de la valoración separada, a los efectos del juego combinado de las tablas VI y III, y, no obstante, acudir al criterio de la suma aritmética de las respectivas puntuaciones para ponderar el rango resarcible de los daños morales complementarios.

Por otra parte, su tesis supone, de hecho, que el perjuicio estético no se computaría nunca en el juego operativo del factor corrector, pues, aun desechada la tesis que he denominado de la cincuentena y asumida la de la centena, difícilmente puede darse un perjuicio estético que comporte una adjudicación de 75 puntos.

18.- Resumen de conclusiones

Como resumen de cuanto antecede, fijamos las siguientes conclusiones en relación con la valoración del perjuicio estético:

1.-          Constituye perjuicio estético cualquier alteración permanente del aspecto que presentaba el cuerpo del lesionado antes de producirse el hecho dañoso.

2.-      El perjuicio estético se refiere a su expresión estática (perjuicio fisionómico) y dinámica (perjuicio cinético), sin que pueda en absoluto identificarse en exclusiva con la existencia de cicatrices que deben ponderarse, en particular, cuando están localizadas en la cara (perjuicio fisonómico).

3.-      La autonomía conceptual y resarcitoria del perjuicio estético constituye un instrumento al servicio de la individualización o personalización del resarcimiento del daño corporal y de sus consecuencias.

4.-          Aunque muy próximo a él, por razón de su sustrato, el perjuicio estético no se integra en el concepto estricto de daño biológico, como daño sicofísico, refiriendo al daño moral que comporta la alteración de la estética del individuo lesionado. Una cosa es el daño al patrimonio biológico o sicofísico de la persona y otra el daño a su patrimonio estético.

5.-      El sistema legal de valoración contiene unas reglas especiales con las que se valora el daño moral en que consiste el perjuicio estético (capítulo especial de la tabla VI y regla explicativa del sistema de puntuación), dando lugar a una suma que se integra en la indemnización básica por lesiones permanentes.

6.-      Puede entenderse que el daño moral impropio ligado al detrimento estético, como perjuicio patrimonial básico, se resarce a través del factor de corrección por perjuicios económicos, concebido como una tasación abstracta, sin que sea de recibo que dicho factor haya de operar sólo sobre la parte de la indemnización básica que corresponde al perjuicio sicofísico. Pero también puede sostenerse que carece de sentido que el referido factor se proyecte sobre la cantidad asignada al perjuicio estético.

7.- tal de seda mujer PDX zapatos de     En el caso de que el perjuicio estético se traduzca en un impedimento permanente de actividad, la especialidad del daño moral que tal situación comporta ha de ser atendida a través del factor de corrección de la incapacidad permanente, al margen, por tanto, del capítulo especial que sirve para integrar la indemnización básica.

8.-      Si el perjuicio estético se traduce en efectivas pérdidas económicas de lucro cesante por valor superior al que resulta de la tasación abstracta de los perjuicios económicos, su plena reparación ha de obtenerse, mediante su ponderación in concreto, por el juego operativo de la norma del inciso segundo de la regla general 7ª del apartado primero del sistema; aunque parece preferible sostener la plena compatibilidad de ambas reparaciones, por corresponder a conceptos resarcitorios diversos, en la medida en que los perjuicios económicos del factor se desliguen de la idea de lucro cesante, identificándose con los perjuicios patrimoniales básicos inherentes sólitamente al daño corporal (id quod plerumque accidit).

 9.-     La autonomía del perjuicio estético, como concepto resarcitorio, se ha de afirmar sin condicionamiento alguno, habiéndose de reparar como tal, tanto cuando sea la expresión de un perjuicio funcional (fisiológico) como cuando falte dicho sustrato, por ser inapreciable, sin que sea de recibo que la ponderación del perjuicio funcional excluya por absorción la ponderación separada del estético que conlleva.

10.-    El capítulo especial pondera el perjuicio estético mediante la tipificación de cinco grados de intensidad, con atribución a cada uno de un arco escalonado de puntuación, contando el más grave con una puntuación mínima (21), sin que haya previsión expresa de la máxima.

11.-    La necesaria utilización de un criterio de proporción derivado de la superior gravedad del menoscabo sicofísico, estimado en su globalidad, y la existencia de una tabla única para valorar económicamente los puntos resultantes, son factores que conducen a estimar que el último grado del perjuicio estético cuenta con un límite natural que debe quedar fijado en los 50 puntos, identificándose esta cifra extrema con el supremo perjuicio estético (pérdida completa del patrimonio estético).

12.-    La especialidad del perjuicio estético conlleva su falta de integración en el estricto concepto del menoscabo sicofísico (daño biológico) y determina que la regla de la suma aritmética de las respectivas puntuaciones haya de interpretarse en el sentido de que ambos perjuicios deben ponderarse y valorarse con separación, fijando las respectivas indemnizaciones mediante la utilización separada de la tabla III y sumando finalmente las cantidades alcanzadas. De esta forma, la regla de la suma aritmética queda ajustada a sus presupuestos materiales, es decir, a su razón de ser, evitándose las dificultades interpretativas y las distorsiones que derivan de su entendimiento literal como suma aritmética de las respectivas puntuaciones, pues ésta es sólo el mecanismo idóneo para la ponderación de las secuelas funcionales de carácter sinérgico.

13.-    La puntuación del perjuicio estético se ha de realizar mediante la ponderación de su significación conjunta, sin que sea procedente atribuir a cada elemento del mismo una determinada puntuación parcial para después obtener la final mediante la fórmula de las secuelas concurrentes de significación asinérgica. En todo caso, puede admitirse la técnica de la ponderación analítica de los elementos del perjuicio estético, cuando éstos sean de índole diversa, habiéndose en este caso de acudir a la fórmula de Balthazard para obtener la puntuación final, aunque, al usarla, debe partirse de la base de que “M” ha de identificarse con la cifra 50 y no con la de 100.

14.-    La ponderación del perjuicio estético se ha de realizar sin hacer concesiones a las tradicionales pautas de discriminación sexual que potencia el perjuicio femenino y margina el masculino; y ello sin perjuicio de que se atiendan las implicaciones derivadas de la diversidad estética de los sexos.

15.-    La adjudicación de puntos al perjuicio estético ha de efectuarse en atención al grado de su intensidad, sin ponderar estrictamente el dato de la edad, pues, de hacerse así, se produce un efecto multiplicador en la valoración del perjuicio del joven y un efecto divisor del perjuicio estético del anciano, dada la estructura de la tabla III, en la que la edad constituye el eje que se combina con el de la puntuación alcanzada.

16.-    La regla explicativa del capítulo especial ha de ser entendida como una especie de guía interpretativa para la ponderación del perjuicio estético, debiendo evitarse los solapamientos que derivan de su expresión literal, sin que deba perderse la perspectiva de que tal capítulo se pone en exclusiva al servicio de la valoración del daño moral causado por el menoscabo de la estética de la persona, siendo materia que, sin perjuicio de su carácter reglado, está ampliamente sometida al criterio prudencial del juez, sin detrimento del valor demostrativo (razonativo) de la ponderación efectuada.

17.-    El perjuicio estético a ponderar es el existente en el momento de la producción de la sanidad del lesionado, siendo compatible su resarcimiento con el costo de las intervenciones de cirugía plástica para su corrección.

18.-    Si al tiempo de efectuarse la liquidación indemnizatoria, el lesionado ha estado ya sometido a la cirugía correctora, el perjuicio estético se ha de ponderar en atención a su resultancia final, sin que su completa eliminación impida su valoración, aunque ésta ha de estar marcada por su temporalidad.

19.-    La puntuación adjudicada al perjuicio estético se ha de integrar con la adjudicada al perjuicio fisiológico, mediante la suma aritmética correspondiente, para dar lugar, en su caso, a la aplicación del factor de corrección aumentativa por daños morales complementarios, sirviendo, pues, para el cálculo ponderativo que determina el supuesto de hecho de la regla tabular que los prevé.

20.-    La ponderación del perjuicio estético escapa en su completa dimensión al saber médico, pero el perito médico debe pronunciarse sobre él mediante una propuesta de valoración, en la que la calificación establecida debe inexcusablemente ir precedida de una detallada y precisa descripción de los elementos constitutivos del perjuicio, contando el juez, para valorarlo, con más arbitrio del que dispone para ponderar el perjuicio sicofísico.

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Go Interior 41 EU para Skechers Mujer Run White Zapatillas Mojo Black Deportivas Performance Negro para T5S5qw1 El texto de la presente ponencia está extraído de mi obra La valoración civil del daño corporal. Bases para un Tratado, concretamente del Tomo VI, Las lesiones permanentes. Bibliografía, Dykinson, Madrid, 2000, aunque se ha incorporado el fruto de la lectura de algún trabajo útil producido después de su publicación. Me he limitado a las “consideraciones doctrinales y legales”, prescindiendo de los comentarios jurisprudenciales que les siguen en el libro, porque parece menos imprudente facilitar un texto de 100 páginas que uno, más enojoso, de 200, que, a buen seguro, para no restringir el alcance de los festejos gastronómicos previstos en el Congreso, habría tenido que censurar la Comisión organizadora. Mi propósito en el Congreso es, naturalmente sustituir la extensión escrita por la intensidad oral.

 
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